Agustín (3/7): Felicidad y posesión de Dios

Eudaimonismo. La preocupación fundamental de Agustín no es la de hallar una verdad puramente racional, sino la de hallar una verdad que saciara espiritualmente su corazón. Y así se logra la felicidad. Por eso decimos que Agustín es eudaimonista.

La felicidad que busca el obispo de Hipona no es la que otorgan los bienes que pueden perderse o destruirse. Ni si quiera el placer mesurado y contenido buscado por los epicúreos. Este tipo de felicidad es tan perecedera y caduca como los bienes que la producen, por lo que no nos generan verdadera felicidad.

Verdadera felicidad.[1] La verdadera felicidad consiste en tomar posesión de la Verdad. La auténtica Verdad trasciende todas las verdades particulares y es la medida y criterio de todas ellas. Es, por tanto, absoluta. Esa auténtica Verdad no puede ser sino dios. Conocer y tener a dios es lo que aporta felicidad a los seres humanos. Nadie puede ser feliz si no es sabio de esta forma.


  1. Agustín dedica el segundo capítulo de su De beata vita precisamente a este tema. Consúltalo más adelante para completar la información sobre este epígrafe por ti mismo.  ↩