Agustín (4/7): La existencia de Dios y las ideas ejemplares

Pruebas de la existencia de dios

Dado que dios en tanto ser absoluto y creador de todas las cosas es central tanto para la religión cristiana como para la Filosofía de Agustín, este tiene la necesidad de justificar la existencia de aquel no sólo por medio de la fe, sino por medio de argumentos racionales.

Sin embargo el fin último de la necesidad de la demostración de la existencia de dios no es el de explicar la existencia del cosmos como haría Aristóteles sino el de disfrutar de dios —frui Deo— para colmar el vacío existencial de su alma.

Estas son las pruebas de la existencia de dios según Agustín.

(1) Prueba de la perfección de los rasgos del Mundo. La variedad y mutabilidad de las cosas del mundo se nos aparece ordenada. Encontramos belleza en el mundo. Esta belleza exige un creador, aún mayor y más bello que esta belleza mundana; Dios es el artífice de los rasgos del mundo. Este era un argumento ya conocido para los griegos.

Aun dejando de lado los testimonios de los profetas, el mundo en sí mismo, con su ordenadísima variedad y mutabilidad y con la belleza de todos los objetos visibles proclama tácitamente que ha sido hecho, y hecho por un Dios inefable e invisiblemente grande, inefable e invisiblemente bello."
—Agustín. La ciudad de Dios.)

(2) Dios y la verdad se identifican. Dios y la verdad se identifican: probar la existencia de esta supone probar la existencia de aquel.

(3) Consensus gentium. “El poder del verdadero Dios es tal que no puede permanecer totalmente oculto a la criatura racional, una vez que haya comenzado a hacer uso de la razón. Si se exceptúan algunos hombres cuya naturaleza esta corrompida por completo, toda la especie humana confiesa que Dios es el creador del mundo”.

(4) Ascenso por los grados de bien. Encontramos cosas buenas y agradables en el mundo. Una puesta de sol, comida sabrosa, aire cálido… pero podemos concebir que lo que hay de bueno en estas cosas es parcialmente bueno. Todas comparten una cualidad que, una vez despojada de sus ejemplos concretos, se nos revela absoluta. Eso es dios.

Sin duda alguna, tu sólo amas el bien, porque es buena la tierra con sus altas montañas, sus onduladas colinas, sus campos llanos; bueno es el terreno variado y fértil, buena la casa amplia y luminosa, con sus habitaciones dispuestas con armoniosas proporciones; buenos los cuerpos animales dotados de vida; bueno es el aire templado y saludable; buena la comida sabrosa y sana; buena la salud sin padecimientos ni fatigas; bueno es el rostro del hombre, armonioso, iluminado por una suave sonrisa y por vívidos colores; buena el alma del amigo por la dulzura de compartir los mismos sentimientos y la fidelidad de la amistad; bueno es el hombre justo y buenas son las riquezas que nos ayudan a quitarnos problemas de encima; bueno el cielo con el Sol, la Luna y las estrellas; buenos los ángeles por su santa obediencia; buena la palabra que instruye de modo agradable e impresiona de manera conveniente al que la escucha; bueno es el poema armonioso por su ritmo y majestuoso por sus sentencias. ¿Qué más podemos agregar? ¿Para qué seguir con esta enumeración? Esto es bueno, aquello es bueno. Suprime el esto y el aquello, y contempla el bien mismo, si puedes; verás entonces a Dios, que no recibe su bondad de otro bien, sino que es el Bien de todo bien. En efecto, entre todos estos bienes –los que he recordado u otros que se ven o se imaginan– no podemos decir que uno es mejor que el otro, cuando juzgamos de acuerdo con la verdad, si en nosotros no estuviese impresa la noción del bien mismo, regla según la cual declaramos buena a una cosa buena, prefiriendo una cosa a otra. Así es como debemos amar a Dios: no como a este o aquel bien, sino como al Bien mismo.[1]

–Agustín. Trinidad.

Atributos de dios

De estas pruebas de la existencia de dios ya habrás podido entresacar algunos de los atributos de dios. En todo caso es más fácil saber lo que dios no es que lo que es.

Dios es

  • pura esencia,
  • sumo ser,
  • inmutable,
  • creador de todas las cosas ex nihilo,
  • incognoscible, y
  • sus atributos no se predican de él, sino que todos coinciden con él.[2]
  • (Además de ser Bondad, Belleza, Verdad, Amor, etc.)

La creación

El problema de la pluralidad del ser, otra vez. Dios es uno. Pero, ¿cómo procede lo múltiple desde el uno? Este es el viejo problema de la unidad y multiplicidad del ser que arrastramos desde Parménides y Heráclito. Si el ser es inmutable y uno tal y como sostiene Parménides, nos resulta imposible dar cuenta de la multiplicidad de los seres del mundo de los sentidos y de su cambio constante. Por el contrario, si el ser es continuamente cambiante nos es imposible explicar lo que permanece igual en todo ese cambio.

El mundo inteligible y el Demiurgo. Como bien sabes ya Platón propuso la existencia de un mundo en el que el ser era inmutable y otro en el que el (semi)ser era cambiante pero que tenía su verdadera causa y razón de ser en aquel mundo inmutable. Más aún. Platón concibió al Demiurgo, un ser cuya actividad es racional, libre y motivada por el Bien.

No obstante el Demiurgo platónico no es el dios cristiano. Está limitado por arriba porque hay un mundo de las Formas que son modelo y lo trascienden. El Demiurgo ni crea las Formas, ni las modifica ni las configura de ninguna manera. También está limitado por abajo, pues da forma a la materia informe que es la chora, que tampoco el crea. Por lo tanto el Demiurgo fabrica pero no crea.

Creacionismo cristiano. La solución agustiniana a este problema de la unicidad y la pluralidad del ser es plenamente cristiana: dios lo ha creado todo ex nihilo. De esta forma dios no crea a partir de su propia sustancia ni, a diferencia del Demiurgo, de algo preexistente. Así tenemos una radical separación entre el dios creador y las criaturas creadas por él.

¿Cómo llegan las cosas a ser? Existen tres vías por las cuales las cosas (nuevas) llegan a ser. Cada una de estas vías se aplica a un tipo distinto de creaciones. De hecho sólo la ya mencionada creación de la nada y que es exclusiva de dios puede llamarse con propiedad creación. Veamos las tres posibilidades:

  1. Por generación. Lo generado, que no creado, se deriva de la sustancia misma del generador y el resultado es de la misma naturaleza que el generador. Ejemplo de generación es el hijo que procede de sus padres. Los progenitores son personas que generan una nueva persona.
  2. Por fabricación. La cosa fabricada procede de una materia que preexistía al fabricante y que está fuera de este. Serían ejemplos de fabricación todo lo producido por el hombre, ya que utilizamos elementos del mundo natural para crear toda clase de objetos.
  3. Ex nihilo. Consiste en crear algo no a partir de la propia sustancia ni de una sustancia exterior, sino de la nada. El hombre no puede crear porque es un ser finito. Sólo dios, infinito, puede crear en sentido propio y estricto. La creación divina es una acción gratuita motivada por la libre voluntad y por la bondad de dios.

No sólo no llamamos a los agricultores creadores de un fruto determinado […], sino que tampoco llamamos creadora a la tierra, a pesar de que parezca la madre fecunda de todas las cosas […]. Asimismo, no debemos llamar a la madre creadora de su propio hijo […]. Sólo Dios es el creador de esas criaturas, que se hallan configuradas de modo diferente, según su propia generación. Sólo Dios, cuya oculta potencia penetra en todas las cosas con su propia presencia, hace ser todo lo que de algún modo es, porque si Él no lo hiciese, no existiría ni esto ni aquello, no podría ser. Por ello, si decimos que las ciudades de Roma y de Alejandría no fueron fundadas por los albañiles y los arquitectos que les dieron forma externa, sino por Rómulo y por Alejandro, cuya voluntad, consejo y mandato hicieron que se construyesen, tanto más debemos afirmar que sólo Dios es creador de las naturalezas, porque no hace nada que no sea hecho con la materia hecha por Él mismo, y no tiene más artífices que los que Él mismo ha creado. Y si Él substrajese, por así decirlo, su virtud creadora a las cosas, éstas dejarían de ser, de la misma forma en que no eran, antes de que fuesen. Empero, digo “antes”, en la eternidad, no en el tiempo.

—Agustín. La ciudad de Dios

Tiempo y eternidad. El tiempo y la eternidad son incompatibles. La creación divina de todo incluye también al tiempo. Dado que tiempo y movimiento se hallan estructuralmente vinculados y que sin mundo no hay movimiento, sin mundo tampoco habría tiempo. Por lo tanto antes de la creación del mundo tampoco había tiempo. La eternidad, preexistente al mundo, es un in infinito presente temporal, sin antes y después.

El tiempo reside en el alma. Vivimos en el presente. En lo referido al tiempo el pasado ya no es, pues ya sucedió. El futuro tampoco es, pues no ha acontecido aún. Solo existe presente, un punto efímero en el tiempo. El tiempo reside tan solo en nuestro espíritu y no en el movimiento de las cosas en el sentido clásico. Vivimos el tiempo desde el presente, de acuerdo a la siguiente concepción.

  • El pasado es recuerdo. Con propiedad hablaríamos del pasado del presente.
  • El presente es intuición o atención. Con propiedad diríamos que es el presente del presente.
  • El futuro es esperanza. Debiéramos llamarlo el futuro del presente, ya que la esperanza la tenemos en el presente sobre un futuro que aún no ha acontecido. La larga espera del futuro es eso, una espera presente, adimensional.

Las Ideas, pensamientos de dios

Siguiendo a Plotino, Agustín considera las Ideas pensamientos de dios. Y lo explica muy bien en el siguiente texto:

Cada cosa, pues, ha sido creada de acuerdo con su propia razón o idea. Y estas razones o ideas, ¿dónde se hallarán, si no es en la mente del Creador? En efecto, Dios no podía contemplar algo que estuviese fuera de sí mismo, con objeto de tomarlo como modelo para crear lo que creaba: sería un sacrilegio sólo pensarlo. Sin embargo, si estas razones de todas las cosas creadas o por crear se hallan contenidas en la mente divina y en la mente divina no puede haber nada que no sea eterno e inmutable, y estas razones fundamentales de las cosas son lo que Platón llamaba “ideas”, no sólo existen las ideas, sino que las ideas son la verdadera realidad, porque son eternas e inmutables, y existe —gracias a que participa de ellas— todo lo que existe, sea cual fuere su modo de ser.

Las razones seminales

Agustín se basa en una doctrina elaborada por los estoicos y reelaborada en clave metafísica por Plotino. La Creación es un acto único en el que todo lo que será está incluido.

Es preciso… tener presente que en los diversos elementos de nuestro mundo se esconden simientes misteriosas de todas las cosas que nacen material y visiblemente. Una cosa son las simientes de los vegetales y de los animales visibles con nuestros ojos, y otra muy distinta las simientes misteriosas mediante las cuales, por mandato del Creador, el agua produjo los primeros peces y las primeras aves, y la tierra los primeros brotes y los primeros animales, según su especie.

Una cosa, pues, es construir y gobernar la creación, desde el centro y la cúspide de las causas –—cosa propia y exclusiva del único creador, Dios—, y otra distinta es intervenir desde fuera, según las fuerzas y los medios distribuidos por Él, para llevar a la luz en este momento o en aquél, de esta manera o de otra, lo que ya estaba creado. Sin duda alguna, todas las cosa que vemos ya estaban creadas originaria y fundamentalmente en una especie de esquema de los elementos, pero para que salgan a la luz tiene que producirse una ocasión favorable. Y al igual que las madres se hallan grávidas de su prole, así el mundo entero se encuentra grávido de las causas de los seres que nacen; estas causas no son creadas en el mundo si no es por aquella Esencia suprema, sin la cual nada nace y nada muere, nada comienza y nada acaba.

En la Creación no todas las cosas fueron creadas en acto sino que muchas cosas fueron creadas en potencia, como semillas o simiente. A eso se refiere Agustín cuando habla de las razones seminales. Estas simientes se irán desarrollando con el tiempo, debido a diversas circunstancias.[3]

Las almas

Las almas fueron creadas como cualquier otra cosa que no sea dios mismo. Agustín no es concluyente sobre si dios creó todas las almas en Adán o las crea individualmente. La primera solución, la traducianista, explica mejor la transmisión del pecado original. Pero Agustín no excluye la postura contraria.

Con estos argumentos explica Agustín la existencia de dios y la creación de todas las cosas por la acción voluntaria de este.


  1. La cursiva es mía e indica el comienzo de la parte más importante de la cita.  ↩

  2. Dios no es bueno, es (la) Bondad; no es verdadero, es (la) Verdad; dios es Amor. Y Bondad, Verdad y Amor coinciden en dios. Así que Bondad, Verdad y Amor son todos uno y lo mismo. Así, decimos que dios no es bueno porque dios no es un sujeto una de cuyas características una sea la bondad sino que él es la bondad en grado absoluto y de forma completa. Lo mismo sucede con los demás tributos. ¿Y todo este lío, por qué? El problema reside en la limitación del intelecto humano al enfrentarse a la inmensidad de dios. No resulta imposible concebirlo tal y como es. No tenemos más remedio que realizar aproximaciones conceptuales para, finalmente, quedarnos atrapados en las palabras.  ↩

  3. Se trata de una antítesis ontológica del Darwinismo. Hablaremos de Darwin al tratar sobre el contexto intelectual de la Filosofía del siglo XIX.  ↩