Tomás de Aquino (1/2): Razón y fe

La preocupación principal de Tomás es Dios, no el mundo. Ni siquiera el ser humano. “Sé que debo a Dios, como principal deber de mi vida, que todas mis palabras y mis sentidos hablen de Él.” No se puede razonar adecuadamente sobre el mundo y el hombre sin tener en cuenta la revelación.

La razón y la Filosofía serían preambula fidei o el prólogo de la fe. La Filosofía tiene una autonomía y un carácter propio del que la teología carece, pero no agota todo lo cognoscible. Es necesario armonizar la razón con lo que la doctrina sagrada y la religión dicen sobre Dios, el ser humano y el mundo.

¿Dónde reside la diferencia? La Filosofía nos proporciona un conocimiento imperfecto que la teología puede completar, particularmente en lo que se refiere a la salvación. La fe mejora por lo tanto la razón de la misma forma que la teología mejora la filosofía.

La teología dirige la filosofía pero no la arrincona ni la sustituye. La fe marca el camino de la razón pero no la suplanta. Por medio de la sola razón podemos conocer y probar la existencia de Dios pero es necesario el conocimiento por la fe para defender la unidad y trinidad de Dios. Como quiera que las dos deben tener sentido y ser racionales, ambas coinciden en la naturaleza de aquello que explican: la fuente de la verdad es única.

Finalmente podemos acudir a un argumento práctico y apologético en favor de la razón. Para discutir con los judíos los cristianos pueden utilizar el Antiguo Testamento. Para polemizar con los herejes cristianos utilizaremos toda la Biblia. Pero para argumentar con los paganos —por ejemplo con los filósofos griegos—, no podemos sino utilizar el terreno común que es la Razón.