Heráclito de Éfeso

Heráclito vivió en Éfeso, Jonia, entorno a los años 535 AEC y y 475 AEC. Debía tener una personalidad huraña y arisca, hasta el punto de que no quiso tomar parte en la vida pública. Escribió un libro llamado Sobre la naturaleza, del que nos han llegado partes formadas por aforismos. Heráclito escribió estos aforismos de forma deliberadamente difícil y oscura con la intención de que solo los entendieran los que estaban preparados para ello. A su entender así lograría evitar las burlas de quienes no han entendido las cosas que son aparentemente fáciles. De ahí que nuestro filósofo recibiera el sobrenombre de “el oscuro”.

Panta rhei. Los filósofos milesios –Tales, Anaximandro y Anaxímenes– ya se habían interrogado por la mutación de las cosas. A fin de cuentas las cosas nacen, cambian y terminan. Heráclito convirtió esta circunstancia en el centro de su pensamiento. “Todo se mueve” y “todo fluye”. No hay nada fijo e inalterable. Nada permanece igual eternamente. Todo cambia.

Ejemplo de este dinamismo continuo son los siguientes aforismos:

  • “Nada es permanente a excepción del cambio.”
  • “No podemos bañarnos dos veces en el mismo río.”
  • “Al mismo río entras y no entras, pues eres y no eres.”

El sentido de estas citas es claro. Aunque el río siempre parece el mismo sus aguas son siempre nuevas y distintas: vienen y van. Cuando volvemos a introducirnos en el río sus aguas han cambiado. Pero también hemos cambiado nosotros; ya no somos la misma persona que entró por primera vez en el río. Heráclito dice que somos y no somos porque para ser lo que somos ahora hemos tenido que dejar de ser lo que éramos antes. Para continuar siendo debemos de dejar de ser lo que éramos. Este principio o funcionamiento de las cosas se aplica a todo, sin excepción.[1]

La eterna lucha de los opuestos. Todas las cosas se transforman constantemente. En esa transformación pasan por su contrario. Las cosas frías se calientan; las húmedas se secan; los jóvenes envejecen; lo que vive, muere; y lo que muere se convierte nuevamente en vida joven. Existe una guerra o lucha eterna entre contrarios que se alternan. Dado que las cosas alcanzan verdadero ser solamente en su transformación, Heráclito afirma: “la guerra es la madre de todas las cosas”.

Pero la guerra propuesta por Heráclito también es paz. El contraste es, nuevamente, armonía. El eterno devenir de las cosas se plasma como armonía de los contrarios: la pacificación entre los beligerantes. “Eso que es oposición se vuelve amigo y de las cosas distintas surge la más bella de las armonías y todo se crea por medio de contrastes.”

Los opuestos se dan sentido recíprocamente sólo cuando se oponen: “La enfermedad hace dulce la salud, el hambre la saciedad y el cansancio el descanso.” “No conoceríamos siquiera el nombre de la Justicia si no existiría la ofensa.”

Los opuestos se encuentran en la armonía. “El camino que sube y el que baja son uno y el mismo.” “En el círculo comienzo y fin son la misma cosa.”[2] “Dios es el día y la noche, el invierno y el verano, la guerra y la paz, la saciedad y el hambre.”

El arkhé: el Fuego. El fuego cambia constantemente en continuo contraste y armonía. El fuego está vivo pero sólo gracias a la muerte del combustible que lo alimenta, que se se convierte continuamente en ceniza, humo y vapor por medio del fuego.[3] Heráclito identifica el Fuego con la Razón.

Epistemología. Los sentidos sólo nos informan sobre la figura o la apariencia de las cosas. Como quiera que las opiniones de los hombres se basan en estas apariencias es preciso prevenirse contra ellas. La verdad se obtiene al aprehender la inteligencia que se encuentra más allá de los sentidos, aquella inteligencia que lo gobierna todo. El logos.


  1. El seguidor de Heráclito Crátilo llevó aún más lejos esta idea del cambio. A su parecer ni siquiera puede un hombre bañarse en un río, pues las aguas de este cambian constantemente cuando entra.  ↩

  2. ”Todo es uno” y “del uno procede todo”. “La misma cosa son el viviente y el muerto, el despierto y el durmiente, el joven y el viejo, porque estas cosas, al cambiarse son aquellas, y a su vez aquellas, al cambiarse, son estas”.  ↩

  3. El fuego es necesidad y satisfacción constante.  ↩