Aproximación general a las corrientes filosóficas del siglo XX

[1] Muchos movimientos filosóficos de la actualidad tiene su origen en la primera mitad del siglo XX: así, por ejemplo, el marxismo, el existencialismo, el vitalismo y la filosofía analítica.

Las corrientes filosóficas críticas con el hegelianismo de la segunda mitad del siglo XIX reivindicaron que, si deseaba seguir viviendo, la filosofía debía escapar necesariamente del método hegeliano, construyendo un nuevo método filosófico. Si bien es cierto que la filosofía siempre se cuestionó a sí misma, nunca antes del siglo XX ese cuestionamiento fue tan absolutamente radical, llegando incluso a poner en duda la posibilidad misma y el sentido de la práctica filosófica.

Las distintas ciencias particulares fueron emancipándose, a partir del siglo XIX, de la filosofía, lo cual generó en ésta una gran crisis de identidad, resultado sin duda de la pérdida paulatina de disciplinas que le habían sido propias durante siglos. Ese proceso de emancipación no sólo ocurrió en el dominio de las ciencias naturales; también se desarrollaron ciencias como la sociología, la psicología, la lingüística y la antropología que fueron dibujando el horizonte de las futuras ciencias humanas y sociales. Así pues, lo que hasta entonces parecía inimaginable, es decir, que las ciencias se pudieran concebir como separadas de la filosofía, acabó por convertirse en algo incuestionable.

En los primeros años del siglo XX, la nueva física y las matemáticas cobraron una enorme relevancia; ambas ciencias pusieron en jaque, respectivamente, la física newtoniana y la geometría euclidiana. Como consecuencia del desarrollo de la nueva física se crearon varias escuelas neopositivistas, la más importante de las cuales fue sin duda el Círculo de Viena. Según los miembros más destacados de la escuela, las barbaridades acaecidas en las dos grandes guerras del siglo XX se debieron sobre todo a las ideologías basadas en los falsos patrones de racionalidad generados por el Idealismo, del que, según ellos, no podían sino derivarse una serie de abusos. El nuevo modelo de racionalismo propuesto por el neopositivismo redujo la teoría del conocimiento a análisis lingüístico, partiendo, eso sí, de un conocimiento puro lo más alejado posible de la experiencia.

Algunos filósofos intentaron aplicar el análisis filosófico al método científico, puesto que, para ellos, la ciencia ofrecía el patrón ideal óptimo para elaborar teorías filosóficas rigurosas. Así, la filosofía analítica nació de un caldo de cultivo contrario a los desmanes de la llamada filosofía continental. esta última consideraba inadmisible que el método científico fuera el único modelo válido para resolver los problemas filosóficos, aunque reconocía a su vez que el análisis lingüístico resultaba necesario. Puede decirse que el problema del lenguaje ha constituido el ran asunto entorno al que se ido construyendo el discurso filosófico.

Ya hemos señalado que la filosofía analítica centró en la búsqueda de un lenguaje ideal su modelo de hacer filosofía. Por el contrario, la filosofía continental profundizó en la herida abierta por Nietzsche: primero Heidegger, y luego, los filósofos de la diferencia y los posmodernos defendieron posiciones antihumanistas que desembocaron en la proclamación de la muerte del ser humano.

La filosofía positivista, por su parte, redujo el conocimiento al ámbito de lo fenoménico. En tal sentido, el cometido principal de la ciencia consistiría en hacer una especie de clasificación de los fenómenos, escapando del tipo del tipo de explicaciones que trascienden ese ámbito, puesto que no cabría hablar, en propiedad, de objeto de investigación posible más allá del ámbito de los fenómenos naturales.

El desarrollo mismo del positivismo puso en evidencia que el sujeto interviene activamente en la sistematización y la teorización de los datos de la experiencia. En este giro, las corrientes antipositivistas propusieron otro tipo de fundamentos científicos y filosóficos, abandonando el intelectualismo que caracterizó a corrientes anteriores. todos estos movimientos fueron aglutinándose en torno al neokantismo, el vitalismo y el historicismo.

Como no podría ser otra manera, la filosofía no quedó al margen de los grandes sucesos históricos del siglo XX. La función simbólica ejercida por uno de ellos,Auschwitz, ha sido incalculable, y ha generado un sinfín de cuestiones de muy difícil respuesta: ¿se puede seguir confiando en un racionalismo técnico-científico que, en gran medida, ha sido el causante de la más grave tragedia del siglo XX? Estos dilemas desembocaron en la creación de teorías críticas que, después del holocausto, pusieron sobre la mesa la pregunta acerca de la posibilidad misma del proyecto ilustrado y de la filosofía.


  1. Tomado de Aurrekoetxea, Martin, Villar, M. L. y Olarra, A. (2010). Filosofía del siglo XX: Marx. Ibaizabal.  ↩