Marx (3/7): La alienación económica

El hombre, animal productor

El trabajo humano, trabajo antropógeno. Los hombres somos productores. Con esto Marx se distingue de la tradición que nos considera primordialmente animales racionales y sitúa nuestra labor por delante de nuestro pensamiento. Tal y como lo concibe Marx el trabajo no es un castigo (bíblico) sino un medio de autorealización. Los humanos nos realizamos trabajando en colaboración con nuestros semejantes en la apropiación (humanización) y transformación de la naturaleza con el fin de satisfacer nuestras necesidades desarrollando nuestros proyectos y planes.

Sin embargo Marx no encuentra entre sus semejantes a nadie que trabaje así y que se encuentre realizado de esta manera. En su lugar, se topa con personas que llevan a cabo un trabajo alienado. Trabajar humanamente no consiste en un mero hacer cosas o producir algo. La araña y el tejedor realizan una actividad parecida. La abeja y el arquitecto también. Pero el peor de los arquitectos realiza algo que la mejor de las abejas no llega a hacer: el hombre realiza su trabajo en su mente antes de ejecutarlo en la realidad. Una vez acabado el trabajo habrá plasmado algo que antes sólo estaba en su cabeza. Así, los humanos no solo modificamos la naturaleza sino que lo hacemos con un objetivo: trabajamos con un fin. Esa es la característica del trabajo humano y humanizador, antropógeno. Nos realizamos al transformar la naturaleza con ayuda de otros de acuerdo con nuestras ideas. La naturaleza se vuelve así una extensión inorgánica de nuestro cuerpo.

Los cuatro tipos de alienación del trabajo

El trabajo alienado es aquel que no se corresponde con el trabajo humanizado. En lugar de ser nosotros el centro del mismo este centro se encuentra desplazado, alejado de nosotros. No trabajamos para y por nosotros, sino por y para alguna otra cosa.

Existen factores de alienación del trabajo. Todas se producen en el trabajo del obrero fabril del siglo XIX:

  1. Alienación respecto al producto. En el sistema productivo medieval de los gremios los artesanos eran los dueños del producto que realizaban. El artesano hacía la silla y vendía la silla. En el sistema de producción capitalista la situación es distinta: en cuanto el obrero termina (una parte de la) silla esta le es arrebatada de las manos. No le pertenece. Pertenece al dueño de la fábrica, al capitalista. Dicho en una sola palabra: no es dueño del fruto de su trabajo. De ahí la alienación: la silla pertenece a otra persona, con las consecuencias que esto tiene sobre el trabajo y la realización (o falta de ella) del obrero en su trabajo.
  2. Alienación al respecto de la actividad productiva. La actividad laboral produce sufrimiento en lugar de realización. Se trata de una actividad repetitiva realizada en unas condiciones penosas, muy alejadas del trabajo antropógeno que describíamos más arriba.
  3. Alienación al respecto de la Naturaleza o de la esencia de la especie. Las personas no producen en consonancia de sus posibilidades y capacidades sino de modo ciego. El trabajo no alienado consistente en transformar colectivamente la naturaleza según nuestros intereses y fines, pero el trabajo alienado anula nuestra dimensión creadora.
  4. Alienación respecto a las demás personas. El intercambio económico sustituye la necesidad de satisfacer las necesidades de los demás, que dejan de ser compañeros para pasar a ser competidores. O peor aún: capitalistas. Mi compañero de la linea de montaje no es un colaborador, sino alguien que compite por hacer un mejor trabajo que yo o que puede ocupar mi puesto en un momento dado.

El proletario sufre, pues, alienación respecto al producto, el trabajo e incluso su propia relación con la naturaleza y con los demás seres humanos. La división del trabajo le quita las materias primas, las herramientas y el producto de su trabajo junto con su creatividad y su humanidad. El trabajador se convierte en una mera mercancía en manos del capital. Es de esta alienación económica de la que parte las demás formas de alienación: la alienación política, que pone al Estado enfrente y en contra del individuo; y la alienación religiosa.

Marx definió así la alienación:

Antes que nada consiste en el hecho de que el trabajo es externo al obrero, no pertenece a su ser, y por lo tanto éste no se fortalece en su trabajo, sino que se niega, no se siente satisfecho sino infeliz, no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que extenúa su cuerpo y destruye su espíritu. Por eso, el obrero sólo se halla a sí mismo fuera del trabajo, y dentro del trabajo se encuentra fuera de si. Si no trabaja, se halla en su propia casa; y si trabaja, no está en su casa. Por lo tanto, su trabajo no es voluntario, sino obligado, es un trabajo forzado. En consecuencia, no se trata de la satisfacción de una necesidad, sino únicamente un medio para satisfacer necesidades ajenas.

Por todo ello, paradójicamente, el hombre sólo se siente libre cuando realiza las funciones animales: comer, beber, reproducirse, vestirse y cobijarse bajo un techo. Cuando realiza la actividad más humana y humanizadora, trabajar, se siente animal. Trabaja por mera supervivencia en lugar de para desarrollarse. La propiedad privada que sustenta la división social del trabajo convierte a este en necesario. Además, cuanta más riqueza y abundancia produce el obrero, más pobre es. ¿Cómo podremos arreglar esta situación que nos animaliza? Destruyendo la propiedad privada y el trabajo alienado por medio de la lucha de clases.

Trabajo no alienado. Marx no describió detalladamente el trabajo no alienado, pero por inversión de su caracterización del trabajo alienado podemos considerar estas dos características:

  1. el productor recibe directamente de su trabajo la confirmación y el refuerzo de sus capacidades, y las desarrolla
  2. y trabaja para satisfacer las necesidades de las demás.

En esta combinación podemos apreciar doble vertiente de nuestra especie: nuestras capacidades individuales y nuestra pertenencia comunitaria.

Teoría del valor por medio del trabajo

Valor de la mercancía. En el sistema de producción capitalista los bienes se producen gracias a la combinación del mercado y la división social del trabajo. Las mercancías producidas tienen un valor doble.

  1. Valor de uso. El valor de uso de una mercancía está claro. Las sillas sirven para sentarse en ellas y el pan se come. No usamos una hogaza de pan para sentarnos ni nos alimentamos con una silla. Un saco de 20kg de café y 50m de tela tienen usos bien distintos. Sin embargo en el mercado podemos cambiar el uno por el otro. ¿Cómo es eso posible? ¿Qué tienen en común ambas mercancías? El valor de cambio.
  2. Valor de cambio. Este tipo de valor es algo que comparten distintas mercancías y que hace posible que podamos cambiar las unas por las otras. Para Marx, este valor de cambio se mide en razón de la cantidad de trabajo social que ha sido necesario para producir la mercancía, medido en horas de trabajo. El coste de una silla sería el de la suma de las horas de trabajo invertidas por los leñadores, transportistas y operarios de la fábrica de muebles. A mayor cantidad de horas necesarias para la producción de una mercancía, mayor precio tendrá esta.

Dinero. El tratar de cambiar una mercancía por otra presenta varios problemas. Tendríamos que encontrar dos personas que tuvieran las mercancías que el otro precisa. Pero si me dedico a fabricar sillas sólo tendré eso para cambiar, de forma que tendré que buscar alguien que me cambie sillas por lechugas, por zapatos o por cualquier otro bien que necesite. Además, tendría que necesitar alguien que tuviera la mercancía que necesito en la cantidad adecuada para poder cambiarla por las lechugas. Las lechugas, además, solo salen en cierto momento del año. Y llevarme las sillas para poder pagar con ellas.

El dinero tiene las siguientes ventajas respecto al trueque:

  • Valor universal. Vale para comprar cualquier cosa, porque todo valor de cambio se puede traducir a dinero.
  • Es fraccionable. Permite pagar por cosas de muy diverso valor.
  • Es imperecedero. Por lo que puede ahorrarse para gastarlo cuando sea necesario.
  • Es fácilmente transportable. A diferencia de las sillas.

El problema del dinero es que cuando lo utilizamos no somos conscientes de que las mercancías por las que lo intercambiamos son producto del trabajo. En lugar de considerarlo como medio de cambio que es —ese es su valor de uso, al fin y al cabo— le asignamos un valor de cambio que no le corresponde. Un billete de 100€ no vale la cantidad de horas de trabajo que ha costado hacerlo. Representa esa cantidad de horas, pero no las vale. Convertimos el dinero en fetiche. Marx critica a los economistas clásicos que no supieran ver que el intercambio de mercancías consiste en una relación entre cosas, sino entre productores. Es decir, que el intercambio económico es una relación humana.

Teoría del beneficio como plusvalía. La fuerza de trabajo de proletario es una mercancía que este vende en el mercado de trabajo a cambio del sueldo que le pagará el capitalista. ¿Cuánto vale todo lo que un trabajador necesita para mantenerse vivo durante un día? Esa cantidad debiera ser su sueldo y esa cantidad tendría que ser el precio de lo que él produzca esa jornada en la fábrica.

Pero la fuerza de trabajo es la única mercancía que aumenta su valor, ya que el trabajador sólo necesita una parte de su jornada laboral para producir tanto valor como le es necesario para su subsistencia. A esto lo llamamos trabajo necesario. Todo lo que produzca el trabajador durante el resto de su jornada laboral generará un beneficio que irá a parar a manos de capitalista, no del trabajador. A esto llamamos trabajo complementario y a su producto, plusvalía. Así, la plusvalía es el valor creado por el trabajador, pero que acaba en manos del capitalista.

Pongamos que un trabajador tiene una jornada laboral de 12 horas. Si produce lo necesario para vivir, es decir, su sueldo, en las primeras 4 horas de esa jornada, lo que produzca durante las 8 restantes será para beneficio del dueño de la fábrica.

Es precisamente la plusvalía el modo que tiene el capitalista de generar beneficio. Si no, ¿cómo? Si el valor de cambio de las mercancías depende de la cantidad de trabajo social necesario para producirlas, ¿como podríamos aumentar su valor? Si fabricar una silla cuesta 100 horas totales de trabajo, ese será su valor de cambio. No podemos aumentarlo. Pero el trabajador puede producir más durante su jornada laboral, o extenderla.

El capitalista invierte un capital fijo en medios de producción —máquinas, fábricas y materias primas— y gasta un capital variable en comprar fuerza de trabajo —obreros—. Si lo que gana por la venta de los productos es mejor que la suma de esos dos capitales, obtendrá beneficios. Pero esos beneficios lo son porque no se le entregan al que los ha generado, al trabajador. En este proceso el dinero invertido por el capitalista es menor que el rentado.

La plusvalía puede aumentar de dos formas:

  1. Plusvalía absoluta. Alargando la jornada laboral del trabajador.
  2. Plusvalía relativa. Reduciendo la cantidad de tiempo de trabajo necesario para producir una determinada mercancía. Eso se puede conseguir con máquinas más eficientes que hagan el trabajo en menos tiempo o que requieran menos obreros para su funcionamiento.

El capitalista no malgasta su beneficio sino que lo reinvierte en la mejora de la producción para poder competir con otros capitalistas. De ahí que el dinero está cada vez en menos manos. Además, el trabajador tiene cada vez menos oportunidad de trabajar y unas peores condiciones de vida porque el trabaja está cada vez más automatizado.

Crítica del análisis marxiano de la economía capitalista

Problemas de la teoría económica de Marx. El pensamiento económico de Marx tiene algunas contradicciones internas y no es del todo acertado en el análisis de la realidad del capitalismo.

  1. Marx pensaba que la creciente automatización de la industria implicaría una menor inversión en capital variable y con ello una reducción del beneficio, lo que no sucede.
  2. Problema de la transformación. De acuerdo con la teoría del valor de Marx, las industrias que utilicen mano de obra de forma intensiva debieran ser las más rentables, pues son las que debieran generar más plusvalía. Sucede que no es así, y que las empresas más rentables son las que tienen una producción más automatizada.
  3. Marx creía que sólo el trabajo producía valor añadido.

Validez del análisis marxiano. Aún y con todo el análisis de Marx sigue siendo válido en porque no da por bueno el orden social capitalista según el cual los trabajadores asalariados se encuentran explotados por los capitalistas y porque no cree que el capitalismo sea capaz de crear ningún mecanismo de solución de los desajustes que crea. La conciencia de clase obrera que el pensamiento marxiano genera y su lucha contra la ideología enmascaradora de la realidad son dignas de respeto aún hoy. O, quizás, precisamente, hoy más que nunca.