Marx (4/7): El materialismo histórico: estructura económica y superestructura

La tesis fundamental del materialismo histórico nos dice que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino que al contrario es su ser social el que determina su conciencia”

A lo largo de a producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su propia voluntad, mantienen relaciones de producción que se corresponden con determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona, en general, el proceso social, político y espiritual de la vida.

Los seres humanos nos distinguimos de otros animales por la religión, la conciencia o alguna otra cualidad, pero el comienzo de esa distinción comenzó cuando comenzamos a producir nuestros medios de subsistencia. De ahí que podamos decir que la esencia del ser humano es su actividad productora y, por lo tanto, material. Somos como somos con arreglo a las condiciones materiales de producción.

Premisas del materialismo histórico. Son las siguientes:

  1. El hombre es esencialmente productor porque debe producir para satisfacer sus necesidades materiales.
  2. Al producir vida crea nuevas necesidades materiales y sociales. Junto con las nuevas fuerzas de producción se crearán nuevas formas sociales.
  3. Por lo tanto, la vida material condiciona o determina nuestra vida social. La explicación de los fenómenos sociales va de la producción material hacia las formas sociales; de lo material a las formas de conciencia.

Por decirlo de otra forma. Las sociedades no cambian porque algún pensador o filósofo piensa una idea o una organización social nueva, sino porque cambian las condiciones de producción material de esa sociedad gracias a la innovación tecnológica.

En la medida en que se van desarrollando nuevos medios de producción se van creando estructuras económicas distintas y acabando las anteriores. Cuando los trabajadores sean lo suficientemente conscientes de su situación de las alternativas serán revolucionarios.

Cuando esas necesidades nuevas crecen la familia se torna insuficiente para satisfacerlas y se crean nuevas formas de relación social. Con esto crecen la productividad y la población y surge la división social del trabajo. Al principio esta división social del trabajo se realizaba de acuerdo con las capacidades físicas de cada cual. Después se llegó al punto en el que se distinguieron los trabajos físicos de los trabajos intelectuales. A partir de ahí la conciencia comenzó a considerar de forma ilusoria que estaba separada del mundo práctico. La división social del trabajo también produjo una clase que vive del trabajo de otra.

La conciencia y las ideas no tiene una Historia autónoma propia, sino que cambian junto con. Tras ellas, diríamos mejor. “Las ideas dominantes de una época siempre han sido únicamente las ideas de la clase dominante." Estas idea son ideología, precisamente: la visión invertida de la realidad histórica, justificación del orden social por medio de las leyes, la moral, la filosofía, la religión y el arte. La ideología es el discurso que la clase opresora impone a la clase oprimida con el fin de justificar su medio de opresión, que es el Estado.

El avance histórico y la lucha de clases

Cada época histórica —tesis— tiene sus propias contradicciones —antítesis—, que se deberán resolver en un nuevo orden social —síntesis—. Así avanza la historia desde el comunismo primitivo original hasta el comunismo, pasando por las sociedades esclavista, feudal y capitalista.

La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora no es más que la historia de la lucha de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, miembros de las corporaciones y aprendices, en resumen, opresores y oprimidos, han estado de manera continua en una recíproca oposición y han llevado a cabo una lucha ininterrumpida, a veces latente y a veces pública. Esta lucha ha acabado, en todos los casos, como una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con la ruina común de las clases en lucha.

— Marx y Engels.Manifiesto del Partido Comunista.

El fundamento de la Historia Humana es la lucha entre las clases opresora y oprimida. El siglo XIX no fue una excepción a este respecto, pues lejos de acabar con la lucha de clases es el momento en el que menor cantidad de clases se enfrentan en una lucha cada vez más enconada. Burguesía y proletariado son dos clases antagónicas, enemigas. Los burgueses lo son por que son los que disponen de la propiedad privada de los medios de producción. Los proletarios, en cambio, no. Sólo disponen de su fuerza de trabajo, que venden por un sueldo y nada más.

La clase burguesa surgió en el seno de la sociedad feudal y representa la negación de esta, a la que acabará superando. Los orígenes de la burguesía se encuentran entre los siervos de la gleba medievales. La burguesía recibió un tremendo espaldarazo con el descubrimiento de América, la circunnavegación de África la Colonización, ya que esto supuso la ampliación de los mercados y la disponibilidad de más materia prima. Así se aceleró la descomposición del sistema feudal; la artesanía feudal no era suficiente para producir todo lo que era necesario, por lo que surgieron los talleres de manufactura. En el modelo de producción artesano la división del trabajo se producía por gremios. En los nuevos talleres la división trabajo se encontraba dentro del propio taller, que aglutinaba labores de distintos gremios. Finalmente los talleres de manufactura tampoco fueron suficientes para satisfacer la demanda. Las máquinas de vapor incrementaron la producción industrial propiciando nuevamente un gran cambio. En lugar de la clase media industrial aparecieron los grandes industriales capitalistas, millonarios y patrones de ejércitos de trabajadores.

Las relaciones de propiedad medievales chocaron entonces porque resultaban inapropiadas. Marx defiende que la burguesía tuvo un papel revolucionario respecto a las estructuras sociales feudales. A pesar de ello la burguesía necesita al proletariado para su existencia, que se convierte en su contrario, en su antítesis. La propia dinámica de la burguesía genera al proletariado que supondrá su desaparición. En la medida en que la gran industria se establece, el proletariado se organiza y toma mayor conciencia de su fuerza y de sus fines. De ahí surgirá inevitablemente la revolución y el fin de la burguesía.

Infraestructura económica

En la visión materialista de Marx la (infra)estructura económica es la base de los modos de producción. Está compuesta por las fuerzas de producción, su nivel básico, y las relaciones de producción, que surgen de aquellas.

  • Fuerzas de producción. Están formadas por las fuerzas productivas y por los medios de producción. Las fuerzas productivas son la mano de obra: los obreros y sus conocimientos técnicos; el recurso humano de la producción. Los medios de producción, por otro lado, son el componente material: la tierra, las herramientas, las fábricas, etc.

  • Relaciones de producción. Son las relaciones que surgen entre los miembros de una sociedad histórica concreta por la actividad necesaria para la supervivencia de esa sociedad. Son las relaciones jurídicas de propiedad que se basan en la división social del trabajo. En las sociedades en las que existe propiedad privada de los medios de producción el reparto del trabajo y de los beneficios no coincide en las mismas personas. De ahí la existencia de las clases sociales. Una clase tiene la propiedad privada de los medios de producción y recibe los beneficios. La otra no dispone de la propiedad privada de los medios de producción y aporta el trabajo.

A lo largo de la Historia las relaciones de producción han adoptado las formas de la sociedades esclavista, feudal y capitalista. En esta última la clase poseedora de la propiedad privada de los medios de producción y opresora es la burguesía. La clase desposeída de esos medios y oprimida es el proletariado. En cada momento histórico esas formas eran las adecuadas a los medios de producción vigentes pero la tendencia de las fuerzas productivas a mejorar —los avances tecnológicos en las herramientas, sobre todo— conlleva que las relaciones de producción de ese momento sean un impedimento para su avance. En ese momento llega la revolución o la destrucción de la clase opresora que impide el avance histórico.

Superstructura ideológica

La infraestructura económica contiene las relaciones de producción, que son injustas. Para que una clase asuma ser la clase oprimida son necesarios ciertos medios, a saber: una estructura de poder y un discurso justificativo de la misma. Son las condiciones materiales de vida y los medios de producción los que crean esa estructura de poder y su discurso justificativo.

  • Estructura jurídico-política: el Estado La sociedad capitalista es una sociedad de clases. Estas clases no se relacionan entre sí de igual a igual, sino que la burguesía oprime al proletariado. Para mantener esta situación es necesario una institución que gestione el poder y tenga los medios coercitivos adecuados. Esa institución es el Estado, que se dota de unas leyes hechas por y para la clase opresora y dominante. El Estado es, pues, una herramienta de dominación en manos de la clase opresora. Con ella puede combatir la oposición proletaria. Si los obreros realizan una huelga o toman una fábrica ahí estará la policía para restablecer el orden. Y junto con ella los tribunales y el sistema carcelario.
  • Estructura ideológica. ¿Por qué tendría que aceptar el proletariado una situación a todas luces tan injusta? Porque la clase opresora dispone de un discurso justificador y legitimador de su opresión con el fin de mantener el statu quo. Ese discurso es ideológico, es decir, no concuerda de la realidad, sino que es una visión sesgada a la medida de los intereses de la clase dominante. Este discurso se expresa en la religión, el arte, la filosofía, la moral y demás formas de la conciencia. Lo más retorcido de todo es que la clase oprimida, que además es la mayoritaria, asume —incluso como propio— ese discurso justificativo y esas formas de conciencia. Esto es posible gracias a la naturaleza de la ideología. Como es una forma de ver el mundo no nos resulta trasparente y no la identificamos como tal. Es como decir que no vemos las gafas que utilizamos para mirar las cosas. Si la ideología ha de funcionar, ha de ser invisible. Es la última malicia: los oprimidos están ciegos ante la ideología que la clase opresora utiliza para oprimirlos hasta el punto en el que la asumen como propia.