Ortega (2/6): Objetivismo y preocupación social. Las masas y la elite

El objetivismo (1902–1914)

Estos son los años formativos de Ortega. Influyó mucho sobre él la filosofía alemana; particularmente el neokantismo y los autores Nietzsche, Husserl, Dilthey y Scheler. El krausismo también contribuyó a configurar las ideas del filósofo madrileño. No directamente sino a través de la versión española de Giner de los Ríos. Este krausismo intentaba la regeneración española. Ortega colaboró con la corriente general del krausismo en España pero su propia aproximación era la de una regeneración intelectual y aristocratizante.

Diagnóstico del atraso intelectual español. Ya conoces la historia española del siglo XIX con su sucesión de pronunciamientos y una sociedad muy inestable. Como resultado de la cerrazón de los siglos anteriores y este desastroso siglo XIX la vida intelectual y científica española está claramente desfasada respecto de la europea. Los intelectuales españoles adoptan dos posturas al respecto:

  1. El desdén de Europa, postura que podemos encontrar en Miguel de Unamuno. Unamuno proponía paliar el desfase copiando los subproductos técnicos sin traer el contexto, como se recoge en su expresión "Que inventen ellos”. En todo caso quizás el propio Unamuno no valorara negativamente este desfase y muchos autores propugnaban una vuelta a las raíces de lo español.
  2. La admiración, que busca en Europa el modelo de regeneración. Ortega pertenece a estos últimos y colabora para que en España echen raíces las disciplinas europeas.

Según Ortega, el atraso de España se debe a la ausencia de método, de sistema, de rigor científico en su pensamiento. El español está sumido en el individualismo y la subjetividad, lo que lo aleja de la correcta noción del mundo y la realidad y lo lleva a refugiarse en ensoñaciones fantásticas y literarias.

La solución: el objetivismo. Ortega toma partido por una exigencia de objetividad a la que se opondrá en la próxima fase de su pensamiento. Valora extremadamente la ciencia, distintivo de Europa frente a España y el resto del mundo. Desdeña cualquier forma de subjetivismo, en cualquier ámbito y en cualesquiera de sus formas, incluido el subjetivismo personalista español. En su afán de desterrar el subjetivismo llega a rozar el antihumanismo, como cuando afirmó que un teorema matemático tiene más valor que todos los empleados de un Ministerio.

El objetivismo se caracteriza por

  1. Precisión y método.
  2. Hábito crítico. Contrastar doctrinas con la verdad y la razón.
  3. Racionalidad. Es común a todos.

Vuelta a las cosas. Así, según Ortega, el intelectual debe interesarse por las cosas, no por las cuestiones individuales. Para conocer las cosas es necesario distanciarse de ellas, no dejarse arrastrar; acercarse a ellas con rigor, no con sentimientos. Salvémonos en las cosas. Lo subjetivo es el error. El método es esencial.

La distancia la da, así, la teoría, el pensamiento abstracto. La teoría ha de ser sistemática, con el motivo de que sus elementos tengan pleno significado. La teoría filosófica debiera identificarse con el sistema filosófico.

Las masas y la elite (1930?)

[1]En La rebelión de las masas de 1930 Ortega define así a las masas:

La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas. No se entienda, pues, por masas sólo ni principalmente “masas obreras”. Masa es el “hombre medio”.

Las masas serían una novedad no por su reciente aparición, sino por su voluntad de tomar el poder a partir de principios del siglo XX. La preocupación a la que se enfrenta Ortega en esta obra es la de avanzar qué consecuencias podría tener para la historia europea y mundial el predominio del hombre-masa.

El hombre-masa es un tipo de humanidad, una posibilidad de ser hombre, una forma de entender y realizar la propia vida. Se encuentra en oposición al hombre de vida noble. La diferencia entre ambos no es cuantitativa —no es que deba haber más de aquellos que de estos— sino cualitativa; reside en que el hombre de vida noble, la minoría o la elite, se esfuerzan, son disciplinados y se auto-exigen. Por el contrario la masa o el hombre de vida vulgar exige a los demás; espera que sea algo exterior a sí mismo lo que solucione sus problemas. Se siente sujeto de derechos pero no de obligaciones. “Está satisfecho tal y como es. Ingenuamente (…), como lo más natural del mundo tendería a afirmar y dar por bueno cuanto en sí halla: opiniones, apetitos, preferencias o gustos…”

No se es parte de la masa por nacimiento, por poder económico o nivel cultural. Observa los siguientes tres modelos de hombre-masa, que quizás sean más disposiciones funcionales dentro de cada uno de nosotros que verdaderos tipos sociales:

  1. El señorito satisfecho cree que todo le es debido por su gracia y apellido, mientras que no está obligado a nada, que todo es accesible y cuesta poco conseguirlo. “Una impresión nativa y radical de que la vida es fácil, sobrada, sin limitaciones trágicas; por tanto cada individuo medio encuentra en sí una sensación de dominio que le invita a afirmarse a sí mismo tal cual es, a dar por bueno y completo su haber moral e intelectual.”
  2. El bárbaro especialista cree que su competencia profesional en un área concreta de conocimiento lo capacita para opinar sobre cualquier cosa, incluidas la vida social, la moral, la religión o la política. “Es un hombre que, de todo lo que hay que saber para ser un personaje discreto, conoce sólo una ciencia determinada y aun de esa ciencia sólo conoce bien la pequeña porción en que él es activo investigador. Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva y llama dilettantismo a la curiosidad por el conjunto del saber.”
  3. El niño mimado se refleja en el hombre-masa en tato que que da un giro caprichoso a sus deseos y su mala educación es inconmensurable.

Según Marías cualquiera de nosotros puede comportarse como hombre-masa si actúa llevado por el capricho, sino meditación, esfuerzo o conocimiento suficientes.[2]

El sujeto de la Historia —su protagonista— no es ni el héroe que cambia por sí solo el rumbo de esta ni las masas, sino una dinámica que requiere tanto a las masas como a la elite, cada una cumpliendo su papel. Estas dinámicas concretas se establecen en el marco de una generación, de la que hablaremos más adelante.

El problema de España, o al menos uno de ellos, es que las minorías han desertado. Es decir: no las hay. No hay individuos señeros, destacados, sino masa. Y esta masa ha sido —más o menos indebidamente— la encargada de hacer avanzar la historia de España.

Ortega supo ver a principios de los años 20 del pasado siglo a diferencia de nuestro conocido Marx que la Historia no estaba predeterminada, que no estábamos “irremediablemente” salvados por la dirección inevitable del curso histórico sino que las ideas, normas y valores de la cultura no son más que un a capa de barniz que oculta intactas nuestra capacidad para la barbarie.


  1. Los conceptos complementarios de hombre-masa y hombre de vida noble o de minoría y masa se exponen fundamentalmente en las obras La España invertebrada de 1921 y La rebelión de las masas de 1930. Ambas son posteriores al periodo objetivista (1902–1914), y no sé por qué aparecen bajo este epígrafe. Para curarme en salud he incluido la información al respecto de estos conceptos aquí, pero lo he separado claramente de la doctrina orteguiana de su etapa objetivista. Según os hagan la pregunta en la PAU podréis responder sobre la primera parte, la segunda o las dos.  ↩

  2. Un buen tema de disertación y de reflexión respecto del hombre-masa serían la generación ni-ni o la educación de los adolescentes.  ↩