Ortega (3/6): Perspectivismo y raciovitalismo

Perspectivismo (1916–1923)

Ortega abandonó con las Meditaciones del Quijote de 1914 la consideración de que lo subjetivo es el error y las implicaciones antihumanistas de su anti-subjtivismo, gracias al descubrimiento de la circunstancialidad.

Aún y así rechaza el cosismo y el subjetivismo, negando a considerar separadamente el yo de su entorno.

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo. Benefac loco illi quo natus est, leemos en la Biblia. Y en la escuela platónica se nos da como empresa de toda cultura ésta: ‘salvar las apariencias’, los fenómenos. Es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea.

La circunstancia

La vida del hombre está inmersa en un conjunto de elementos que constituyen su “circunstancia”. La circunstancia constituye al sujeto en su individualidad radical y originaria. Esta circunstancia tiene dos niveles, según su cercanía o alejamiento del sujeto:

  1. Circunstancias histórico-culturales. Como indica su nombre son el ámbito de nuestra Historia y nuestra cultura. En el caso de España y de la cita arriba reflejada se trata de las tradiciones judeo-cristiana y de la filosofía griega.
  2. Circunstancias particulares/individuales. La circunstancia la componen está compuesta también por cualquier elemento cotidiano y particular que afecte al sujeto. Es decir: nuestra biografía personal, nuestro contexto familiar, etc.

Como consecuencia de todo esto ningún dato de la realidad puede quedar fuera de la reflexión filosófica, por particular que sea. Este aprecio por la vida cotidiana como objeto de reflexión filosófica, que es compartido por el vitalismo, el existencialismo o la fenomenología, llega a convertirse en Ortega en método.[1]

Sin embargo, no se trata solo de reconocer la existencia del Yo y de las circunstancias, sino que el sujeto ha de dar sentido a estas últimas. Para eso ha de admitirse una jerarquía de las circunstancias sobre la base de su “distancia”. Ortega parte de las cosas más próximas para alcanzar las mas lejanas, identificadas con los problemas filosóficos tradicionales.

La verdad

Ortega combate dos nociones extremas de verdad, las del racionalismo y el escepticismo, y propone su propia fórmula de verdad: la perspectivista.

Verdad vs. racionalismo: La verdad racionalista es absoluta, ajena a lo temporal y a lo circunstancial, lo histórico, social, personal y vital. De ahí que produzca una teoría abstracta.

Ortega defiende que la verdad se da siempre desde las circunstancias en las que el yo se ve inmerso. Es decir, en su vida.

Ejemplo de esto es que la Sierra de Guadarrama no es lo mismo mirada desde Madrid que desde Segovia. La Sierra es, sin duda, una y la misma. Pero ¿cuál es la visión verdadera? ¿La perspectiva desde Madrid o desde Segovia? Esta es una pregunta sin sentido, pues no hay una única visión verdadera. Ambas miradas son igualmente verdaderas e insustituibles. Se complementan. Así, conoceremos mejor la Sierra de Guadarrama si la observamos desde Madrid y desde Segovia que desde uno solo de estos lugares.

Verdad vs. escepticismo. Según Ortega el escepticismo se instala en la fugacidad de lo concreto y lo inmediato hasta el punto que niega la posibilidad de conocer la verdad. Así lo manifiestan las interminables disputas en la explicaciones de lo real. El escepticismo simplemente renuncia a elaborar una teoría.

La solución perspectivista. El perspectivismo admite el carácter múltiple y cambiante de la realidad. Es así que pueden tenerse diversas perspectivas de la misma. Pero son parciales. Esa multiplicidad de perspectivas puede ser unificada por un principio rector: la complementariedad. La verdad será, pues, el resultado progresivo de la unificación de las perspectivas.

La doctrina del perspectivismo arroja tres consecuencias:

  1. La validez de las diversas perspectivas nos lleva a reconocer el papel de los otros seres humanos en la construcción de la verdad.
  2. El individualismo no es ya un obstáculo para la objetividad, sino un elemento necesario para ella.
  3. Aplicado al campo de lo social el perspectivismo muestra la necesidad de la tolerancia como valor humano fundamental para alcanzar la verdad y para permitir la convivencia social.

Raciovitalismo (1924+)

Ortega no abandonó el perspectivismo durante su periodo de madurez filosófica tras 1923 sino que lo desarrolló junto con la nueva doctrina del raciovitalismo[2].

El raciovitalismo es el intento de conjugar vida y razón superando críticamente sus contradicciones, visibles en los excesos irracionalistas del vitalismo y en los excesos antivitales del racionalismo.

En 1924 Ortega publica en la Revista de Occidente el artículo “Ni vitalismo ni racionalismo” en el que critica tanto el vitalismo como el racionalismo.

Crítica al vitalismo filosófico. • Según la corriente de pensamiento vitalista no son necesarios principios filosóficos especiales para explicar los procesos de conocimiento, ya que estos se reducen a principios biológicos explicables.

Según el vitalista H. Bergson la intuición que se produce en la vivencia interna de las cosas es la verdadera fuente del conocimiento, dejando en segundo plano el papel de la razón en el conocimiento.

Para Ortega la razón se da en la vida. El conocimiento es obra de la razón, pero esta rodeada por elementos no racionales y limitada por ellos; por la vida en la que se da, precisamente. La razón es necesaria para conocer estos elementos mismos.

Crítica al racionalismo. El racionalismo es producto de la concepción de que la razón no tiene límites, yendo así más allá de sus posibilidades.

Ortega encuentra en su análisis de la realidad elementos de los que no puede dar cuenta, que son, pues, “irracionales”. Se señalan así los límites de la razón. Así, no rechaza la validez de la razón como instrumento de conocimiento, sino que rechaza su ilegítima pretensión de conocerlo todo. Más aún su pretensión de que todo se mueva con arreglo a los dictados de la razón. Esta es la fe de los racionalistas, que los ha conducido al exceso.

El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. Dentro de pocos años parecerá absurdo que se haya exigido a la vida ponerse al servicio de la cultura. La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir a la vida.

La solución raciovitalista conjuga los elementos positivos del racionalismo y el vitalismo en torno al concepto de razón vital.

Lo real prima ontológicamente sobre el conocimiento, siendo lo vital el aspecto más significativo de la realidad. La razón no es ya legisladora de lo real, sino su cronista, ya que es secundaria respecto a la realidad objetiva. La vida, realidad radical, será el objeto primario de la reflexión filosófica y punto de partida de toda teoría.

Pero esta vida no es la simple vida “biológica”, sino que es la vida de quien tiene capacidad de dar cuenta de ella, la vida personal, de cada ser humano, la mía. El pensamiento nos capacita para comprender la vida y sus circunstancias, dotando de sentido a la acción humana. El pensamiento no puede considerarse como ajeno u opuesto a la vida.

Vivir es estar en el mundo, pero no el mundo-naturaleza, pues estar en el mundo implica consciencia, quehacer, ocupación y tarea teleológica. Vivir es, pues, proyectar, decidir libremente lo que queremos ser y hacer, lo que exige capacidad de anticipación, capacidad que se identifica con la vida. Libertad y limitación por las circunstancias.

El tiempo. La vida se da en el tiempo: la dimensión histórica del hombre es inseparable del circunstancialismo. Vida e historia están relacionadas –por medio del concepto de razón histórica– en la razón vital.

La naturaleza del hombre es histórica: no hay naturaleza humana inmutable. El hombre es en buena medida lo que hereda de sus antepasados. Esta herencia se puede consolidar, aumentar y transmitir, o dilapidar.

En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene (…) historia. O, lo que es igual, lo que la naturaleza es a las cosas, es la historia –como res gestae– al hombre.


  1. Dice Ortega: “El ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna determinada, sino una perspectiva”; “…donde está mi pupila no hay ninguna otra.”; “…somos insustituibles.”  ↩

  2. Ortega presentó el raciovitalismo en el artículo de 1924 “Ni vitalismo ni racionalismo” en respuesta, precisamente, a su El tema de nuestro tiempo, objeto del epígrafe siguiente. Por lo tanto esta exposición de la doctrina del raciovitalismo tendría que ir después del cuarto epígrafe, y no antes. Desconozco el motivo por el que han unido el perspectivismo y el raciovitalismo dejando El tema de nuestro tiempo para después y saltándose el orden tanto lógico como cronológico de la filosofía de Ortega, pero, nuevamente, me ajusto a la propuesta de epígrafes para la PAU, cueste lo que cueste.  ↩