Las bases del pensamiento del siglo XX (versión completa y abreviada)

Muchos de los cambios que sucedieron en la ciencia y en el pensamiento del siglo XX fueron posibles por las aportaciones que cuatro grandes pensadores realizaron en los ámbitos de la sociedad, la biología, la moral y la mente.

Marx propuso una explicación del desarrollo histórico de la Humanidad desde la base de las fuerzas productivas de la sociedad. Según Marx la sociedad capitalista está formada por dos clases que luchan entre sí: la burguesía, caracterizada por la posesión de la propiedad privada de los medios de producción y el proletariado, que carece de esta y dispone solo de su fuerza de trabajo y está oprimido por aquella. El proletariado trabaja en unas condiciones de alienación que sólo acepta porque la burguesía dispone de la gran herramienta de control social y dominación que es el Estado con sus instituciones y leyes, justificadas a su vez por la ideología, que no es sino el discurso justificativo de esas estructura jurídico-política y una conciencia invertida de la realidad que toma la forma de la religión, la ética, la filosofía y el arte.

El desarrollo material de la sociedad llevará irremediablemente a la destrucción del capitalismo y el advenimiento del comunismo, sistema de organización social sin Estado, sin clases, sin lucha de clases y sin trabajo alienado en el cual cada cual trabajará según sus posibilidades y recibirá según sus necesidades.

Darwin. Su gran descubrimiento fue la selección natural, que explica cómo los individuos aumentan su probabilidad de supervivencia gracias a pequeñas diferencias potencialmente adaptativas que tienen respecto a sus congéneres y que transmitirán a sus descendientes por herencia biológica. Con el tiempo la acumulación de diferencias dará lugar a nuevas especies.

Gracias a este descubrimiento Darwin desplaza al hombre como rey de la creación y lo sitúa en un plano de igualdad biológica con en resto de los seres vivientes. Resalta, además, la importancia de la biología en la configuración del ser humano, que no puede ser considerado ya (solo) una pura res cogitans.

Nietzsche vio en las religiones, y en el cristianismo en particular, la negación de todo anhelo humano: pasiones, impulsos, instintos, valores estéticos, etc. La invención de la vida después de la muerte y de la moral necesaria para acceder a ella suponen que la vida de las personas se vive con vistas a otra, irreal. Entorno a religiones e iglesias se aglutinan los débiles y enfermos. Pero Nietzsche anuncia la muerte de Dios, evento cataclísmico que propiciará la transmutación de los valores estableciéndose los propios del superhombre, aquél que ya no está atado a las viejas convenciones y la metafísica antigua y que llegará tras un periodo de desubicación.

Freud propuso que nuestra personalidad es mucho más que aquello que se nos muestra en la consciencia. De hecho las fuerzas dinamizadoras de nuestra conciencia y gran parte de sus contenidos son inconscientes e irracionales, además de sujetas a desarrollo a lo largo de la vida.

Con esto Freud rompe con el paradigma antropológico racionalista. Ya no podremos considerar al hombre un mero ser racional o una máquina de pensar: existe toda una dimensión anterior y fundamental compuesta por el ello subconsciente, por las pulsiones y por los recuerdos reprimidos que constituyen la mayor parte de lo que somos y motiva nuestra acción.