El campo de concentración de Sachsenhausen

El campo de concentración de Sachsenhausen

La Guerra como tema

En 1996 yo tenía diecisiete años y cursaba el COU, el equivalente al segundo de Bachillerato de hoy en día.

Con fascinación adolescente me adentré en la historiografía de la Segunda Guerra Mundial (II GM). Leí con fruición sobre la ascensión al poder del partido nazi (NSDAP) y algunas biografías de famosos políticos y astutos Mariscales de Campo; me informé sobre las estrategias, el armamento y las grandes batallas de los distintos ejércitos; e indagué lo que pude sobre los bandos, las alianzas y las cuestiones políticas. Imaginaba las hazañas de los grandes héroes de las batallas: la habilidad de los pilotos de caza, la astucia de los guerrilleros de la resistencia, el valor de los espías y de los agentes dobles, y las dimensiones épicas de los grandes choques de ejércitos. Tampoco faltaron historias sobre la espeluznante GESTAPO. Con algo más de reserva, producida por una cegadora falta de conciencia sobre la dimensión de la tragedia más que por la repulsión que naturalmente debiera haberme producido el asunto, me acerqué también a las desgracias acaecidas a los judíos en los campos de concentración.

Sentía orgullo de saber tantas cosas sobre uno de los momentos cruciales de la Historia. A fin de cuentas era capaz de distinguir muchos de los diversos modelos de aviones y armas o de conocer el rango de un oficial alemán en una película. ¿Qué más hay que saber sobre una guerra? ¿Sobre La Guerra? A fin de cuentas se trata de varios ejércitos tratando de destruirse mutuamente, ¿no? Y yo sabía cosas sobre dichos ejércitos. Curiosamente más sobre el Alemán que sobre cualquier otro.

Las clases de Historia Contemporánea de aquel año en el colegio consistieron en un interminable ejercicio de copia de apuntes al dictado. Y eso que teníamos un voluminoso libro de texto. Esperaba con impaciencia el momento en que tratáramos la II GM para poder profundizar en mis conocimientos sobre la misma. Fuimos avanzando por los temas de colonialismo, la Primera Guerra Mundial, el periodo entre guerras… y entonces el profesor nos dijo que pasaríamos a la Guerra Fría.

Frío me quedé yo. ¡Con las ganas que tenía de oír hablar sobre la invasión de Polonia, la Batalla de Inglaterra o la Operación Barbarroja! Uno de los acontecimientos que configuró nuestro tiempo… ¡y se lo saltan!

Con el arrojo que se podía esperar de alguien que entonces usaba corbata y chaleco… junto con botas cuasi-militares me acerqué al final de la clase al profesor para quejarme ante tamaña irresponsabilidad. ¿Cómo iban a dejarnos sin mencionar el mayor conflicto bélico de todos los tiempos? Precisamente por falta de tiempo. Ya no recuerdo los detalles, pero un par de amigos y yo acabamos accediendo a preparar las clases sobre la II GM y el profesor nos ofreció algunas sesiones para desarrollarlas. Supongo que fue mi primera experiencia docente, si es que tiene sentido calificarla así.

Eso hicimos: hablamos de las causas de la Guerra, de su desarrollo y de su final. Mencionamos las elevadísimas cantidades de muertos, desaparecidos y heridos. Y eso fue todo. No recuerdo si cosechamos alguna clase de éxito, aunque probablemente no fuera una actuación como para echar cohetes. El curso continuó y yo seguí interesándome por los sucesos de la II GM. Si Internet hubiera existido en aquella época… me hubiera estallado la cabeza con tanta información.

Tras dos o tres años de efervescencia mi interés sobre el tema fue declinando. Pero aún se mantuvo lo suficientemente vivo como para escribir un par de trabajos durante mis estudios universitarios. Uno sobre la estética nazi cuando estudiaba Filosofía y otro sobre el ideal de familia nazi cuando estudiaba Antropología Social y Cultural. Cabe decir que ambos fueron en colaboración con compañeros de estudios.

He seguido viendo las películas ambientadas en la II GM que han surgido en estos últimos años, pero finalmente dejé de leer sobre el tema. La cuestión bélica me ha ido interesando cada vez menos y llegó un momento en el que no me importaba no recordar el nombre de un determinado general o si los rusos tuvieron mejores tanques que los alemanes o fue al revés. Con el tiempo se ha ido imponiendo la consciencia sobre que lo importante no era La Guerra sino el drama humano. Cosas de edad, supongo.

La guerra como problema

La maduración que acompaña a la adultez me hizo abordar las cuestiones relativas a la II GM de forma distinta. Supongo que el primer paso fue distanciarme de la curiosidad sobre lo militar y puramente técnico de la guerra.

Realmente nunca me apasionó la guerra como tal. Menos aún las muertes. De lo arriba escrito puede obtenerse la imagen distorsionada de que disfrutaba con los detalles escabrosos o que fantaseaba con la gloria de la batalla. Nunca fue, ni remotamente, así. La atracción era de otro tipo. Quizás de sobrecogimiento ante un acontecimiento de dimensiones inimaginables. Aunque sabido es que la realidad supera a la ficción. En todo caso no eran los hechos tal y como fueron [1] los que me atraían, sino una parte de ellos y mirados a través de un prisma muy particular.

Tragedias ha habido muchas. Las hay. Y las seguirá habiendo. Pero la II GM sigue teniendo una dimensión y unas implicaciones mayúsculas. Poco a poco fueron ganando importancia para mí las cuestiones relativas al sufrimiento humano. No sólo las enormes cantidades de fallecidos en las batallas. Fui tomando conciencia de que esos mismos fallecidos y todos los supervivientes vivieron verdaderas historias extremas de terror e indignidad. Los bandos comenzaron a desdibujarse para mí: ya no se trataba de Aliados contra Fuerzas del Eje. De alemanes contra ingleses. Sino de personas con su existencia y sus circunstancias. Particularmente con la circunstancia histórica de la II GM que les puso en una situación inimaginable e incomprensible para mí. En algún momento la balanza se decantó por esta otra dimensión de La Guerra. Más aún. Esta pasó a ser no un hecho único de inabarcables dimensiones sino un modelo, una versión a escala del comportamiento humano en situaciones extremas. El nuevo foco de interés reside para mí en que en doce años de III Reich y en seis años de II GM ocurrieron un sinfín de cosas de forma simultánea, a veces en paralelo pero casi siempre profundamente implicadas.

Los malos me parecen ahora peores. Desgraciadamente los buenos también me parecen peores. En todo caso ahí tenemos una panoplia de comportamientos muy humanos: compasión y crueldad; bondad y maldad; entereza y cobardía; desafío y obediencia…

La Guerra dejó de ser un tema más o menos curioso o excitante sobre el que leer para situarse como uno de los problemas centrales de ser humano (sic). Como todo problema necesita un sentido, una explicación. A fin de cuentas esta búsqueda incesante de sentido nos hace humanos. La gran pregunta es: ¿por qué? Y en el caso particular de la sociedad alemana, ¿cómo? No soy el primero en plantearlo ni seré el último.

Visita al campo de concentración de Sachsenhausen

En verano de 2012 me planteé realizar una visita turística a Berlín. No sé de dónde surgió la idea, pero no tenía ninguna intención particular al visitar la capital alemana. Tan solo realizar un cambio de aires y ver un poco de mundo.En todo caso se trataba de un viaje simple desde el punto de vista logístico: infinidad de vuelos a Alemania, misma moneda (por el momento…), misma zona horaria, y posibilidad de manejarme con el inglés.

En cuanto me puse a buscar atracciones turísticas en Berlín enseguida se hizo patente que la Historia de la ciudad se divide en dos a ese respecto: por un lado el periodo del III Reich (1933–1945) y por otro el dominio soviético de Berlín Este (1945–1989). Por supuesto que Berlín tiene un gran pasado previo al III Reich. Pero tras los bombardeos ocurridos durante la II GM se destruyeron incontables edificios del periodo prebélico. También hay vida tras la caída del muro. La reunificación de Berlín ha dado lugar a grandes edificios de arquitectura contemporánea y a una no tan sorprendente lenta recuperación del sector Este.

En las listas de visitas imprescindibles aparecía recurrentemente la del campo de concentración de Sachsenhausen. Fue entonces cuando volvió sobre mí el recuerdo de todas aquel interés por la historia de la II GM. Sin embargo, a la vez me invadió la precaución. ¿Qué hay que ver en un campo de concentración? Cuando uno va de turista busca ver cosas bellas. Pero, ¿un campo de concentración? ¿No será demasiado morboso? ¿No acabaré triste? Ya adelanto que la experiencia fue fantástica en la forma en la que detallaré más adelante.

Finalmente decidí realizar la visita guiada. “El que no sabe es como el que no ve”, repite siempre mi madre, con razón. Elegí la agencia Vive Berlín porque realizaban el tour en castellano y tenían muy buenas críticas en los foros de viajes de la Red. Fue un acierto y la recomiendo para cualquiera de los tours que realizan en Berlín y alrededores. Nuestro guía fue Jaime. Gran parte de lo que a continuación referiré sobre el campo procede de su charla, aunque he contrastado todo casi todo con otras fuentes cuando me ha sido posible.

Así fue como el 25 de Agosto a las diez y cuarto tomamos el tren hacia Oranienburg, pequeña localidad al norte de Berlín donde se encuentra el campo de concentración de Sachsenhausen.

Torre A, entrada a la zona de presos del campo de Sachsenhausen
Torre A, entrada a la zona de presos del campo de Sachsenhausen

El campo de concentración de Sachsenhausen (1936–1945)

Sachsenhausen fue uno de los primeros campos de trabajo creados por el régimen nazi. Comenzó a funcionar el 12 de julio de 1936, cinco días antes del comienzo de la Guerra Civil Española. Un par de semanas más tarde, el 1 de agosto, comenzarían los XI Juegos Olímpicos en Berlín, a unos pocos kilómetros del campo [2]. Aunque fue liberado en 1945 los rusos volvieron a utilizarlo como campo de concentración hasta 1950.

Objetivo del campo

Inicialmente se trató de un campo de trabajo para opositores políticos y personas molestas para el régimen nazi. Quiere esto decir que su objetivo no era exterminar personas sino mantenerlas separadas de la sociedad y obtener rendimiento económico empleándolas como mano de obra gratuita. De hecho sus primeros habitantes no fueron judíos. Seguro que habría judíos, pero no estaban allí por serlo, sino por rojos. Pero tampoco se hacía nada por evitar que murieran por malnutrición o penosas condiciones laborales y de vida.

Cuando todavía no se podía atisbar siquiera la terrible dimensión que tomarían los campos de concentración y exterminio los futuros presos de Sachsenhausen eran convocados al campo de trabajo como si de ir a una cárcel se tratara. E inicialmente muchos presos acudieron “voluntariamente” al campo. Quiero pensar que por evitar males mayores o represalias a sus familias. Más adelante enviarían a Sachsenhausen judíos (1938+), gitanos, homosexuales y otras personas que el régimen consideraba criminales, asociales o infrahumanas. Allí fueron también ejecutados, fusilados, unos 18.000 soldados rusos.

Aunque no me guste ofrecer cifras que puedan diluir la gravedad de cada caso particular se calcula que llegaron a pasar por allí más de 140.000 prisioneros. Murieron 30.000 de ellos, sin contar las ejecuciones sumarias de soldados antes citadas.

Fue concebido como campo modelo tanto por su construcción como por su organización y funcionamiento. Con el tiempo fue el centro administrativo de hasta otros 60 campos de las proximidades. La mano de obra se utilizó para fabricar uniformes militares y armamento. Además de los barracones de los prisioneros y las casas de los soldados y los oficiales nazis Sachsenhausen albergó:

  • el campo pequeño para los judíos
  • una zona para prisioneros eminentes
  • una cárcel (!)
  • una enfermería que también se utilizó para experimentos médicos
  • una zona de cuarentena
  • un foso de fusilamiento
  • una pista para que los presos probaran la resistencia de materiales para calzado militar
  • dos barracones para la falsificación de libras esterlinas y dólares estadounidenses
  • una cámara de gas y hornos crematorios.

Las SS instalaron junto al campo una academia de entrenamiento, hoy convertida en… ¡academia de la policía!

En primer plano, gravilla que marca la ubicación de los barracones en los que vivieron los falsificadores. Al fondo dos barracones reconstruidos y convertidos en museo
En primer plano, gravilla que marca la ubicación de los barracones en los que vivieron los falsificadores. Al fondo dos barracones reconstruidos y convertidos en museo

Configuración del campo

Los barracones con capacidad para 150 personas se desplegaron en abanico a partir de una plaza semicircular en la que se realizaban la formación y el recuento diarios de los presos. Esta plaza y los barracones tras ella estaban dominados por la Torre A, desde la que un sólo hombre y su ametralladora podrían vigilar y disparar a todo el campo por su configuración panóptica. Esta torre, plaza y barracones formaban un gran semicírculo inscrito en un muro de piedra de tres metros de alto dotado también de torres menores de vigilancia. Frente al muro, en paralelo a él y por su lado interno, discurría una franja empedrada dotada además de una valla mortalmente electrificada. Cualquier prisionero que se encontrara en la zona con grava sería disparado sin previo aviso.

Muro, alambrada y zona de exlusión en el perímetro de la zona de barracones. Al fondo a la izquierda la Torre A. A la derecha de la alambrada el patio semicircular de recuento de los presos. Algunos de ellos se lanzaron contra la valla o accediron a la gravilla para ser asesinados y liberarse así de su sufrimiento.
Muro, alambrada y zona de exlusión en el perímetro de la zona de barracones. Al fondo a la izquierda la Torre A. A la derecha de la alambrada el patio semicircular de recuento de los presos. Algunos de ellos se lanzaron contra la valla o accediron a la gravilla para ser asesinados y liberarse así de su sufrimiento.

Las fábricas y la cámara de gas así como todas las instalaciones para uso de las SS quedaban fuera de este triángulo. Me resultó particularmente sorprendente saber que el camino que transcurría entre la base del triángulo y la zona de adiestramiento de las SS era un camino de tránsito público para los habitantes de Oranienburg.

La vida en Sachsenhausen

Los presos de Sachsenhausen eran recibidos siendo afeitados, desinfectados y uniformados con el fin de deshumanizarlos y controlarlos mejor. Todos eran registrados con un número que utilizarían en lugar de su nombre; eran fotografiados de frente, perfil y tres cuartos; y les era asignado uno o más triángulos de color que denotaban el tipo de delincuente que eran según el régimen. Los enemigos políticos eran identificados con el color rojo, los criminales profesionales con el verde, los extranjeros condenados a trabajos forzados con el azul, los testigos de Jehovah con el morado, los homosexuales con el rosa, los asociales con el negro y los gitanos con el granate o rojo oscuro. Los judíos tenían un triángulo invertido amarillo que se unía al básico para formar una caricatura de la cruz de seis puntas. Añadían una letra con el origen del preso.

Una vez clasificado y uniformado el preso pasaba a uno de los barracones-vivienda. Cada uno de los largos barracones rectangulares estaba dividido en dos mitades simétricas. El centro estaba ocupado por la zona para lavarse, un cuarto para los instrumentos de limpieza y la zona de los urinarios. Avanzando hacia el extremo de cada barracón encontramos la zona de comedor con mesas y bancos corridos y, finalmente, la zona dormitorio con literas de tres alturas. Las mejores literas eran las intermedias pues no eran tan húmedas como las inferiores ni tan frías como las superiores.

Aún de madrugada los presos eran despertados y debían hacer las camas con pulcritud y dejar los barracones fregados, so pena de castigo. Tenían un momento para asearse y se les daba un trozo de pan para desayunar. Entonces debían salir a la plaza semicircular y formar para el recuento durante una hora. Tengamos en cuenta el clima continental, los inviernos durísimos que hace en Berlín. Faltar al recuento conllevaba castigo no sólo para el infractor, sino para todos los ocupantes de su barracón. Así, si alguien moría durante la noche sus compañeros lo arrastraban hasta la formación y lo sostenían en posición erguida para que el recuento de cabezas fuera el debido. Después podrían dejarlo junto con el resto de cadáveres de la noche.

Tras el recuento los presos realizaban su larga jornada laboral cosiendo uniformes militares o fabricando armamento. A la deshumanización, la constante humillación y las duras condiciones físicas de vida se une tener que colaborar en los esfuerzos bélicos de aquellos que lo encerraron a uno en semejante lugar. A fin de cuentas aquellos uniformes los llevarían los soldados alemanes que combatían a los aliados, que regían otros campos o ghettos y que utilizarían las armas y municiones que ellos contribuían a fabricar contra seres humanos.

A la vuelta de la jornada laboral sólo les esperaba una sopa. Los veteranos del campo sabían que debían ponerse los últimos en la cola. La poca sustancia sólida que podía tener la sopa se encontraba en el fondo de la olla mientras que los primeros cazos contenían sólo agua sucia.

Y vuelta a empezar.

Caminantes y falsificadores

Hubo dos trabajos distintos de la producción fabril para los presos de Sachsenhausen: el batallón de los patinadores y los falsificadores de libras esterlinas. Los presento como dos extremos de la racionalidad aplicada a la producción económica.

El batallón de los patinadores o Schuhläufer-Kommando fue un grupo de trabajo especial cuya misión consistía en probar nuevos materiales para calzado. Los fabricantes de calzado civiles alemanes veían escasear el cuero y alquilaron mano de obra de Sachsenhausen para que testaran nuevos materiales en verano de 1940. A partir de 1943 también participó en esta denigrante práctica el ejército alemán. Para la realización de las pruebas se construyó una pista de terreno variado de unos 700m y se obligaba a caminar a los presos, muchos de ellos homosexuales, en marchas con o sin mochilas de hasta 40 km. Huelga entrar en detalles de los resultados de semejantes esfuerzos en unos presos mal alimentados y con unas condiciones de vida tan duras.

En este caso los nazis no tuvieron ninguna clase de miramiento ni compasión hacia los presos, cuya capacidad de trabajo fue exprimida hasta la muerte. [3]

Los reclusos asignados a la Operación Bernhard fueron tratados de manera bien diferente: tuvieron mejor alojamiento y alimento y su vida estuvo protegida mientras su trabajo siguiera siendo necesario o útil. Los barracones 18 y 19 fueron aislados del resto para alojar a estos falsificadores. Este trabajo constituyó la mayor empresa de falsificación monetaria de la historia. La intención original de los jerarcas nazis fue la de falsificar billetes de Libras Esterlinas en ingentes cantidades y dejarlas caer desde aviones sobre la población inglesa. Con esto conseguirían aumentar la inflación del Reino Unido y debilitar así sus esfuerzos bélicos. Era una operación demasiado grande para la Luftwaffe, la aviación alemana, por lo que los nazis decidieron utilizar ellos mismos el dinero para financiarse. Consiguieron billetes falsos indistinguibles de los originales y fabricaron 8.965.080 de ellos por valor de £134.610.810. Otras cifras arrogan un total equivalente a seis mil millones de dólares estadounidenses de 2009. Una auténtica barbaridad para la época. Más tarde intentaron una operación similar con el dólar estadounidense pero tanto los presos como el coronel de las SS a cargo de la operación tenían interés en no finalizar las cantidades de dólares que se les requerían, ya que aquellos serían asesinados y este enviado al frente de guerra.

Con esto no pretendo más que ilustrar que la tortura y el asesinato salvaje a que fueron sometidos millones de presos no escapaba de la racionalidad, sino que en los campos eran capaces de acciones tan bien planificadas y ejecutadas como esta Operación Bernhard, que exigió una cuidadosa selección de artesanos, ilustradores, impresores, grabadores, etc. de entre aquellos que iban a exterminar y ponerlos a su servicio. Aunque los consideraran infrahumanos sabían sacar partido de actividades tan complejas y desafiantes como la falsificación de moneda y documentos.

Ejecuciones, cámaras de gas y hornos crematorios

Aunque pensado como campo de trabajo finalmente la cámara de gas y los hornos crematorios llegaron a Sachsenhausen. Ya he mencionado más arriba la existencia del campo pequeño, una ampliación del triángulo que originalmente conformaba el campo. Allí, además de los barracones #18 y #19 destinados a los falsificadores fue donde comenzaron a recluir judíos.

Hornos crematorios de Sachsenhausen.
Hornos crematorios de Sachsenhausen.

Con un humor negro y macabro los nazis llamaron a la puerta de acceso al pequeño complejo de la cámara de gas “Z”. La entrada al campo era la “Torre A”, primera letra del alfabeto, y la puerta “Z”, última letra del alfabeto, la salida hacia la muerte.

Los presos eran llevados allí con la excusa de un examen médico. De hecho lo hacían desnudarse y pasar a una habitación si tenía piezas dentales de oro o a otra si carecía de ellas. Una vez tomado el “botín” de los dientes de oro todos corrían la misma suerte. Eran llevados a la cámara y gaseados. Después sus cadáveres eran incinerados en hornos dispuestos a tal efecto.

Barracones de enfermería del campo.
Barracones de enfermería del campo.

Capítulo aparte merecen los experimentos médicos que los nazis hicieron en algunos campos de concentración y exterminio. Me limito a sugerir la lectura de la página correspondiente de la Wikipedia y a recordar que en Sachsenhausen se hicieron experimentos al menos con gas mostaza y vivisecciones sobre los presos entre 1939 y 1945. Me parece de lo más retorcido que los nazis pudieran inventar y poner en práctica. Y eso que tuvieron una imaginación febril, enfermiza e hiperactiva.

En Sachsenhausen se registró la entrada de 140.000 presos, entre los que no se contaron probablemente los soldados soviéticos. Aunque el campo estaba diseñado para 30.000 presos en algunos momentos hubo el doble o más. Las muertes no serían menos de 30.000. Cuando en primavera del 1945 los nazis desocuparon el campo dejaron a los que estaban tan débiles que no podían ni andar para que murieran y emprendieron la marcha de la muerte con el resto. Dicha marcha consistía en caminar. Dado el estado de baja forma en que estaban los presos, muchos murieron. Finalmente los supervivientes fueron hallados y liberados por los soviéticos.

El Campo Especial Número 7 soviético (1945–1950)

Uno podría pensar que tan infame lugar debía haberse arrasado. O al menos abandonado. Lejos de suceder así los soviéticos lo convirtieron en el Campo Especial Número 7 del NKVD donde recluyeron ex-oficiales nazis y personas del aparato político, pero también soldados y otra clase de presos. Las condiciones de vida fueron en algunos sentidos incluso peores porque los presos no trabajaban pero tampoco se mantuvieron las instalaciones con la proverbial eficiencia alemana.

Tras la caída de la RDA se encontraron fosas comunes en Sachsenhausen con al menos 12.500 cadáveres de la época soviética.

Monumento que recuerda la liberación del campo por los soldados soviéticos. Se aprecian los triángulos rojos que marcaban a los presos políticos pero más flagrante aún es que hayan ignorado al resto de presos del campo.
Monumento que recuerda la liberación del campo por los soldados soviéticos. Se aprecian los triángulos rojos que marcaban a los presos políticos pero más flagrante aún es que hayan ignorado al resto de presos del campo.

El campo hoy: memorial y museo

Desde 1993 el campo es un memorial y museo gestionado por la Brandenburg Memorials Fundation.

Esta fundación realiza [visitas guiadas][visitasguiadas] en varios idiomas, incluido el español, y toda clase de talleres y materiales educativos. Entre sus seminarios se encuentra la formación de guías turísticos. Desconozco si son los únicos autorizados a enseñar el campo, pero desde luego que merece la pena hacerse acompañar por un guía certificado.

Puedes descargarte un folleto informativo en inglés y castellano aquí.

Ciertamente no queda casi nada de los barracones. Existen dos barracones reconstruidos; se conservan los largos barracones de enfermería; el edificio médico; los cimientos de la cámara de gas y los hornos; y la torre A y otras dependencias de la comandancia del campo. Algunas de las casas de los familiares de las SS que operaban en el campo fueron reasignadas en época soviética y están hoy habitadas por los vecinos de Oranienburg.

En lugar de reconstruir todos los barracones han rellenado de gravilla la planta de los edificios, de manera que hoy se ven grandes piscinas de grava que marcan las plantas de los antiguos barracones. Realizamos la visita un día soleado, pero imaginar los crudos inviernos en Sachsenhausen o los días nublados o lluviosos es de por sí deprimente.

Entrada al memorial-museo de Sachsenhausen
Entrada al memorial-museo de Sachsenhausen

Reflexiones y conclusión

Este artículo iba a versar inicialmente sobre esta parte más reflexiva. Al final ha acabado convirtiéndose en una exposición sobre el Campo de Concentración de Sachsenhausen. Pero me pareció que sin relatar con algún detalle los sucesos que allí acaecieron la reflexión quedaría vacía.

Aunque realmente me referiré ahora a hechos que superan el alcance de Sachsenhausen, este es un buen ejemplo de tantas otras tragedias similares que sucedieron durante las IIGM.

Sucedió en tan solo doce años

Una de las cosas que más me descoloca es la rapidez con la que ocurrió todo. El III Reich duró sólo doce años. El campo de Sachsenhausen operó durante tan sólo nueve años. El primero instauró un régimen terrorífico y abusivo y fue uno de los grandes causantes, que no el único, de la II GM.

En esa década fueron capaces de invadir media Europa, realizar sorprendentes avances técnicos y científicos, construir autopistas, bajar ostensiblemente el paro, y organizar unos Juegos Olímpicos y sacar en ellos más medallas que nadie. Pero también fueron capaces de asesinar a millones de personas de las formas más crueles e inhumanas posibles y de desencadenar y alimentar el mayor conflicto bélico de la Historia[4]. Todo ello con una frialdad racional espeluznante y en muy poco tiempo. Los años más duros de los campos de exterminio del Este de Europa fueron los que van de la celebración de la Conferencia de Wannsee en enero de 1942 hasta la clausura de los campos por causa del avance soviético en 1944. Así que el exterminio judío se produjo en no mucho más de tres años. Cualquiera pudiera pensar que hace falta mucho más tiempo para localizar, deportar y asesinar a tantas personas. Desgraciadamente es algo que puede organizarse muy bien y hacerse sorprendentemente rápido. En todos queda la infame memoria de Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Belzec, Majdanek, Chelmno, Sobibor y tantos otros campos del horror.

Por eso si volviera a suceder algo así el tiempo de reacción no es muy largo. Es cierto que muchos otros hechos anteriores allanaron el camino para que la barbaridad más impensable pudiera tener lugar. Pero una vez desencadenadas las fuerzas la debacle devino muy rápido.

No estaban sólos

Los nazis no pudieron por sí solos ni existir ni organizar semejante genocidio. Una de los fenómenos más difíciles de explicar es no sólo cómo es que sucedió algo así, sino cómo pudo suceder algo así EN ALEMANIA, a la sazón un país intelectualmente tan desarrollado, a la vanguardia no sólo de la física, la química y la industria del siglo XX, sino también de las artes y las letras.

Grandes sectores de la población tuvieron que bien mirar hacia otro lado, bien colaborar más o menos activamente con el régimen nazi. Son famosas las palabras de Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Niemöller fue comandante de submarino durante la I GM, pero después estudió teología y se hizo clérigo protestante. Antisemita, apoyo inicialmente las políticas de Hitler. Cuando este trató de expulsar todo creyente con antepasados judíos de las iglesias Niemöller abandonó sus posturas antisemitas e hizo frente al régimen nazi. Precisamente por eso acabó preso en Sachsenhausen. Tras su supervivencia al campo se convirtió en embajador de la paz.

A fin de cuentas más allá de algunos verdaderos dementes los soldados y los delatores son personas normales, con familia y vecinos. Nunca he sabido si es que las guerras sacan lo peor del ser humano o si hay muchos seres humanos malvados a los que la liberación de las normas sociales convencionales provocada por las guerras les permite desarrollar su verdadera naturaleza.

Especialmente incomprensible y espeluznante me resulta saber que aún hoy hay quien niega el Holocausto o quien ataca el campo de Sachsenhausen en nombre de la ideología Neonazi. Ejemplos de esos ataque son el reloj de la Torre A, entrada al área de prisioneros del campo, que fue robado y hoy hay uno pintado. Y en los barracones reconstruidos se colaron unos activistas neonazis y le dieron fuego.

No fueron, son, ni serán los únicos

Ojalá el caso de la II GM, el genocidio y el Holocausto fueran una excepción mayúscula, incongruente con la por demás tranquila Historia de la Humanidad. La estudiaríamos como esa rareza incomprensible. Pero hubo genocidios antes y los habrá en el futuro. Puedes leer la nota [4] al respecto.

El guía de la visita insistía en que el valor de visitar el Campo de Concentración residía en colaborar a que la Historia no se repitiera. Estoy completamente de acuerdo. Pero supongo que tantos alemanes de bien se hubieran plantado ante el régimen nazi de saber las dimensiones que alcanzaría el horror… pero no lo sabían. Por eso cualquier reducción de derechos me parece sospechosa. Hay cursos de acción que se ve por dónde comienzan pero no se sabe dónde acabarán[5].

Lo difícil es interpretar correctamente las señales, las luces amarillas del semáforo de la corrupción moral. Tenemos legítimo derecho a defender nuestros intereses personales y colectivos, pero tendríamos que tener todas las alarmas encendidas para detectar cuándo estamos obrando en contra del prójimo.

Los victimarios eran de la misma especie que nosotros…

Los ejecutores de los genocidios son de la misma especie que tú y que yo. Eso no nos convierte a ti y a mi en genocidas potenciales, pero da qué pensar. Los nazis pudieron asesinar a tantas personas por que las deshumanizaron y reificaron. Yo no quiero pensar que estoy a salvo de hacer el mal por distanciarme de quien lo hizo, en una jugada inversa a la que ellos hicieron.

Sólo espero poder colaborar a enderezar aquellas cosas que vayan pavimentando el camino del mal antes de que el mal me parezca normal, o incluso bueno. Esta es otra de las lecciones que he extraído de la visita a Sachsenhausen.

Por lejos que creamos que todo esto nos queda, puede volver a suceder. Recordemos Ruanda y Bosnia, ambas sucedidas en fechas tan recientes como los primeros años noventa del pasado siglo.

Me es imposible empatizar y menos aún simpatizar con un ser humano que degrade, humille, veje, torture y asesine a un semejante. Por mucho que se haya autoconvencido de que no es un semejante, sino un animal. Dicho sea de paso tampoco puedo entender esa crueldad para con los animales ni siquiera contra objetos inanimados, ya que creo que la violencia es un camino de doble sentido. Al ejercer violencia sobre alguien o algo no sólo dañamos aquello a lo que atacamos, sino que nos perjudicamos a nosotros mismos. Y cuanto más dañados estemos con mayor facilidad recurriremos nuevamente a la violencia. Además de provocar la violencia del objeto violentado hacia nosotros.

…pero también lo eran las víctimas

Las personas que fueron maltratadas y asesinadas por el régimen nazi y por los avatares de la guerra también eran de la misma especie que nosotros. Me es imposible ponerme en su situación porque nunca he experimentado nada remotamente parecido. Me gustaría poder llegar a comprenderlos sin tener que vivir una situación tan extrema.

En todo caso creo que merecen un esfuerzo por conocer su situación, por ponernos en su lugar y por sentir compasión por ellas. Eso quizás les devuelva a ellas un poco de la dignidad perdida. Sin duda nos dignifica a nosotros.


  1. Obviaré aquí la cuestión filosófica sobre la realidad y la forma en la que la interpretamos. Eso queda para otro artículo. Me refiero a que mi perspectiva era tan reducidamente selectiva que nada tenía que ver con lo enorme y complejo del fenómeno mismo.  ↩

  2. Efectivamente el campo de Sachsenhausen comenzó a funcionar el 12 de julio de 1936 y la Guerra Civil Española comenzó el 17/18 de julio de ese mismo año. Cabe decir en favor del Gobierno de la II República española no sólo que rehusaron participar en los juegos organizados por los nazis, sino que organizaron unos juegos paralelos conocidos como Olimpiada Popular que debieran haberse celebrado en Barcelona del 19 al 26 de Julio de 1936 aprovechando el alojamiento construido para la Expo Internacional del 29 y que tendría como sede el Estadio de Montjuïc. La convocatoria logró la inscripción de 6.000 atletas de 22 países pero no llegó a celebrarse, pues, como ya sabemos, la Guerra Civil comenzó el día anterior. Los otros grandes boicoteadores de los Juegos de Berlín fueron los rusos, que también resolvieron no acudir a los juegos organizados por los fascistas siendo un régimen comunista.  ↩

  3. Hay una referencia a estos kommandos de caminantes en la película de 2007 Los falsificadores . A la sazón esta película explica con cierta claridad la labor de los falsificadores de la que hablo a continuación. No creo que refleje correctamente, sin embargo, las condiciones de vida del común de los presos en Sachsenhausen. Tampoco es la intención primera de la película.  ↩

  4. No aporto cifras en el texto por que considero que desnaturalizan la crudeza de cada muerte individual. En todo caso se estima que las muertes causadas por la II GM ascendieron a entre 40 millones y 70 millones. Es decir, entre el 1,7% y el 3,1% de la población mundial de la época.
    Lo que me ha dejado aún más aturdido es que los dos siguientes conflictos ordenados por muertes en total son: (a) Las guerras del final de la dinastía Yuan y de la transición a la dinastía Ming, con 30 millones de víctimas mortales. Esto supuso el 6,7% de la población mundial… y yo ¡no tenía ni idea de que había sucedido siquiera! Y (b) las invasiones mongolas y tártaras de los siglos XII al XV, con entre 30 millones y 60 millones de muertos, lo que supuso del 7,5% al 17,1% de la población mundial. Nuevamente, me quedo sin palabras y me pregunto: ¿¡qué demonios nos enseñan en la escuela!?
    La lista de guerras y otras atrocidades humanas es tan larga como espeluznante. Estos datos y otros e interés puedes consultarlos en la Wikipedia, en inglés. Aunque no sepas el idioma las tablas son desgraciadamente muy claras. Lo difícil de encajar son las cifras.  ↩

  5. La asistencia sanitaria universal y el derecho universal a la educación de la que goza nuestro país son para mí motivo de orgullo. Me da igual los campeonatos que gane o deje de ganar la selección española. Si hay que recortar los presupuestos que sea ahí. Sentirse robado o engañado porque alguien viene a procurarse asistencia sanitaria me parece errar en la forma de considerar el problema. Si es cierto que no hay para todos, repártase mejor lo que nos queda. Pero no excluyamos a nadie. Y sobre todo encarguémonos de que haya más y mejor para todos. Aunque sólo sea por puro egoísmo, ¡recordemos el poema de Niemöller!  ↩