Andén 17, Berlín-Grunewald

Una estación de ferrocarril es un lugar de paso. En principio es un espacio utilitario en el que tomamos el tren para acudir cada día al trabajo. O quizás sea un espacio evocador en el que comienza un gran viaje. Ya sea con el maletín del trabajo o con el equipaje, esperar en la estación permite unos minutos de calma y reflexión. Quizás aprovechemos para hacer avanzar la lectura una intrigante novela, rellenemos un sudoku, esuchemos música con el móvil o simplemente reflexionemos sobre los raíles paralelos que se pierden en la lejania como metáfora de la vida de destino incierto más allá del horizonte inalcanzable. ¡Siempre que no debamos correr para tomar ese tren que se escapa! Puedo imaginarte a tí, lector, peleando con el torno de acceso mientras ves que el tren llega y no tardará en proseguir su camino, quizás sin ti abordo.

Lo que no puedo ni concebir es qué pasaría por la cabeza de los pasajeros que esperaban en el Andén 17 de la estación de Grunewald, Berlín, durante el III Reich.

Pero de alguna forma considero que ofreceros esta entrada implica pensar en ellos. Y quiero pensar que eso puede hacer una diferencia, aunque sea pequeña, no sólo por el pasado, sino por el futuro.

El Andén 17 y los trenes de la muerte durante el III Reich

Desde el Andén 17 salieron hacia los campos de concentración de Auschwitz y de Theresienstadt entre el 18 de octubre de 1941 y febrero de 1945 varios miles de berlineses, principalmente judíos.

Los figuro atemorizados por el incierto futuro que les aguardaba, agarrados a una maleta que contiene sus más preciadas posesiones, ya las únicas.

Los trenes de la muerte

Los judíos eran transportados a los campos de concentración principalmente en trenes. En ocasiones viajaban en tercera clase. Pero lo habitual terminó siendo que más de un centenar de seres humanos compartieran un vagón para el transporte de ganado como el de la Imagen 1, que es un vagón de la época utilizado para estos funestos menesteres: 10 metros de longitud, una sola ventana y sin calefacción. En todo caso los propios presos eran obligados a pagar su pasaje y no se los alimentaba ni permitía salir hasta el final del mismo, que podía durar varios días y promediaba los 600 km por las duras planicies polacas. Tan extremas e indignas condiciones de viaje producían que muchos pasajeros llegaran muertos por asfixia, sed, frío, inanición o aplastamiento.

Imagen 1. Vagón de ganado utilizado para transportar personas a los campos de exterminio de Europa del Este durante la Solución Final.

Imagen 1.

Vagón de ganado utilizado para transportar personas a los campos de exterminio de Europa del Este durante la Solución Final.

Como todo lo relativo al Holocausto, la Solución final adoptada en la conferencia de Wansee (1942) cobró una magnitud inimaginable. Con ella se aceleró el proceso de exterminación de los judíos, que se volvió sistemático y muy bien organizado. Hasta entonces los campos no eran de exterminio, sino de concentración y de trabajo. Esto no implica que los reclusos sufrieran menos, sino que su destino principal era servir como mano de obra gratuita y sin derechos por los que las empresas pagaban a las SS un salario, y no la simple extinción.

Parte de esta maquinaria exterminadora tan eficiente fueron, precisamente, los trenes que transportaron judíos desde ciudades, guetos y campos de trabajo y concentración a los grandes campos de exterminio de Europa del Este. De esta eficiencia organizadora cabe culpar al infame oficial de la Gestapo Adolf Eichmann. Con razón son conocidos como trenes del Holocausto o trenes de la muerte. La entrada del campo de exterminio de Auschwitz al final de las vías de uno de dichos trenes es tristemente icónica. Pero no por ello menos terriblemente evocadora. Allí llegaron muchos de los deportados berlineses que partieron del Gleis 17, entre tantos otros.

Imagen 2. Entrada del campo de exterminio de Auschwitz II Birkenau, Polonia, destino de muchos de los deportados desde el Andén 17.

Imagen 2.

Entrada del campo de exterminio de Auschwitz II Birkenau, Polonia, destino de muchos de los deportados desde el

Andén 17

.

La implicación de la Deutsche Reichsbahn

La Deutsche Reichsbahn, compañía de ferrocarriles alemana de la época de las deportaciones de la que la Deutsche Bahn actual es heredera directa fue pieza ensencial en el dispositivo de los trenes de la muerte. Y no se trató sólo de una compañía obligada por el gobierno del III Reich a operar los trenes, sino que esta cobraba en función del número de presos del transporte y la distancia que el convoy debía recorrer.

El monumento del Gleis 17

La participación de la Deutsche Bahn en el Holocausto fue vergonzante. Dicha vergüenza llevó al abandono del Andén 17, que quedó cubierto por la maleza y a punto de desaparecer.

Aunque algunas placas recordaban los sucesos acontecidos en el lugar con aterioridad la primera señal de recuperación de la zona fue la escultura obra del artista polaco Karol Broniatowski que se encuentra en la rampa de acceso al andén, y que fue inaugurada el 18 de octubre de 1991 con motivo del quincuaguésimo aniversario del comienzo de las deportaciones desde la estación de Grunewald (Imagen 3). Se trata de una pared de hormigon en las que una serie de siluetas en fila van entrando en la pared con mayor profundidad a medida que recorremos la pared.

Imagen 3. Escultura que representa figuras humanas saliendo de la pared en el andén de acceso al Gleis 17 en la estación de Berlin-Grunewald.

Imagen 3. Escultura que representa figuras humanas saliendo de la pared en el andén de acceso al Gleis 17 en la estación de Berlin-Grunewald.

Imagen 3.

Escultura que representa figuras humanas saliendo de la pared en el andén de acceso al

Gleis 17

en la estación de Berlin-Grunewald.

El 27 de enero de 1998 se inauguró el monumento del Andén 17 (en alemán Gleis 17) propiamente dicho en la estación de Berlin-Grunewald con ánimo, quizás, de reconocer dicha responsabilidad y hacer algo por el recuerdo de lo sucedido.

Se recuperaron y se acondicionarion las vías y el andén, que ofrecen este aspecto general.

Imagen 4. Aspecto general de las vías del Andén 17 de la estación de Berlín-Grunewald.

Imagen 4. Aspecto general de las vías del Andén 17 de la estación de Berlín-Grunewald.

Imagen 4.

Aspecto general de las vías del

Andén 17

de la estación de Berlín-Grunewald.

En el borde del andén propiamente dicho hay unas placas de hierro oxidado. Están situadas de forma que serían el lugar donde el pie haría el último contacto con el andén si fueramos a subirnos a alguno de aquellos trenes. En el borde mismo de dichas placas se encuentran referencias a las deportaciones documentadas. Dichas referencias incluyen la fecha, la cantidad de personas y el lugar de destino del tren.

Imagen 5. Placa al borde del Andén 17 que recuerda que 50 judíos fueron deportados a Theresienstadt el 16 de junio de 1942.

Imagen 5. Placa al borde del Andén 17 que recuerda que 50 judíos fueron deportados a Theresienstadt el 16 de junio de 1942.

Imagen 5.

Placa al borde del

Andén 17

que recuerda que 50 judíos fueron deportados a Theresienstadt el 16 de junio de 1942.

Es impresionante ver in situ cómo estas referencias, que no tendrán mucho más de medio metro de longitud cada una, se extienden a ambos lados de las vías por decenas de metros tal y como puede verse a la derecha en la Imagen 6.

Imagen 6. Vista general de las placas conmemorativas de las deportaciones a ambos lados de las vías del Gleis 17

Imagen 6. Vista general de las placas conmemorativas de las deportaciones a ambos lados de las vías del Gleis 17

Imagen 6.

Vista general de las placas conmemorativas de las deportaciones a ambos lados de las vías del

Gleis 17

Una placa conmemora la inauguración del monumento (v. Imagen 7).

Imagen 7. Placa conmemorativa de la inauguración del monumento del Andén 17.

Imagen 7. Placa conmemorativa de la inauguración del monumento del Andén 17.

Imagen 7.

Placa conmemorativa de la inauguración del monumento del

Andén 17

.

Licencias de las imágnenes

  • Imágenes 1 y 2. | Fuente: Wikipedia. | Licencia: CC BY-SA 3.0
  • Imágenes 3–7. | Fuente: Eukeni Acebal. | Licencia: CC BY-SA 3.0

Nota

La documentación de este artículo no ha sido sencilla, ya que no entiendo el alemán, y temo haber cometido errores. Estaré encantado de recibir las correciones junto con fuentes de referencia en Internet con el fin de corregir cualquier posible error factual.