La segunda flecha

Desde que inicié la escritura de este blog hace ya diez meses todo aquél que tenía noticia de que lo estaba haciendo me preguntaba: “¿Y por qué la segunda flecha?” Se ha hecho de rogar, pero finalmente aquí está la explicación del concepto de la segunda flecha. Una vez explicado encontrarás al final el por qué de que semejante título presida mi blog personal.

La flecha o El dardo es el título de uno de los 2889 Suttas o discursos del Buddha recogidos en el Samyutta Pitaka, parte del Canon Pali. (Ver Notas más abajo).

En él el Buddha hace referencia la forma de enfrentar las visicitudes de la vida. Todos experimentamos sentimientos y emociones placenteras, dolorosas y neutras. Pero hay dos formas de reaccionar ante estas emociones: tal y como lo hacemos las personas corrientes y tal y como lo hace el discípulo bien instruido.

El razonamiento es el siguiente.

La reacción de la persona corriente

Cuando una persona corriente experimenta dolor se preocupa, se apena, se aflige, se lamenta, llora y se consterna. Así, es como hubiera sido alcanzado por dos flechas. La primera flecha es el dolor original o la causa de este. La sengunda flecha es la reacción de pena y preocupación que experimentamos. De esta manera experimentamos dos tipos de sentimientos: el físico y el mental.

El problema reside en que una vez alcanzados por la primera flecha o sentimiento doloroso nos resistimos a este y nos obsesionamos con él. Yo diría que luchamos contra él y así lo dotamos de mayor entidad y de poder sobre nosotros de los que debiera tener. Esta resistencia y obsesión se instalan en nosotros de forma que, como estrategia de escape, buscamos el disfrute de la felicidad sensual.

Buscamos compensar las emociones negativas con placeres sensuales. Es característico de la persona corriente no saber enfrentarse a esta pasión-obsesión de otra manera. Esto se debe a que la persona corriente no es capaz de discernir el origen, el final, la atracción, el inconveniente, o el escape de este sentimiento. Dicho de otra manera: no percibimos la realidad tal y como es, sino filtrada por nuestra mente, que es la que nos lanza la segunda flecha, la oleada nueva y prescindible de sufrimiento. Nuevamente la ignorancia es un factor capital en la (incorrecta) forma de percibir la realidad.

Para colmo de males las emociones agradables nos encadenan del mismo modo en que lo hacen las dolorosas. El placer es tan restrictivo como el sufrimiento. La segunda flecha ataca de nuevo. Estamos encadenados por el nacimiento, la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor, la aflicción y la desesperanza. En una palabra, por el sufrimiento.

La reacción de la persona instruida

Si todo el análisis del Buddha finalizara aquí estaríamos ante una concepción muy pesimista de la naturaleza humana. Hay, sin embargo, posibilidad de superar la desgracia de la segunda flecha.

Cuando la persona instruida es tocada por un sentimiento doloroso no se resiste a él: no se preocupa, no se apena, no se aflige, no se lamenta, no llora y no se consterna. Así que su mente no se acostumbra a la resistencia. No hace de la resistencia al dolor un hábito.

No se trata de que la persona instruida no haya recibido el dolor de la primera flecha, sino que no se arroja a sí mismo la segunda flecha y así no agrava la situación. La persona instruida experimenta el dolor corporal, pero no el dolor mental que le sigue en el caso de la persona corriente. Una flecha duele menos que dos.

Como quiera que la persona instruida conoce otra forma de escape del dolor distinta del disfrute de los sentidos no recurre a ello. Es consciente del origen, el final, la atracción, el inconveniente, o el escape de estas malas experiencias, y por eso no arraiga en él la búsqueda de sentimientos o experiencias placenteras. La búsqueda compensatoria del placer no se encuentra entre las herramientas de su taller.

Es por esto que la persona bien instruida no se encuentra atada por el nacimiento, la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor, la aflicción y la desesperanza.

¿Por qué la segunda flecha?

Más allá de que me gusten la sonoridad y la capacidad de evocación del nombre, el motivo de que este blog se llame La segunda flecha está directamente relaccionado con el sentido que toma en el Sallatha Sutta y que acabo de explicar. [1]

En el fondo se trata de que me siento profundamente indentificado con la automortificación que supone arrojarse a uno mismo la segunda flecha y con el sufrimiento gratuito que esta produce.

No controlamos los factores externos que afectan a nuestra vida en casi ninguna medida y a pesar de ello nos empeñamos en definir la felicidad a là Occidental como el resultado del control sobre el devenir de nuestra existencia, aunque sólo sea bajo la forma de la sensación puramente subjetiva de que detentamos dicho control.

Nuestra racionalidad, o inteligencia ejecutiva como la llamaría José Antonio Marina, nos permite imponernos objetivos razonables y sensatos a la vez que nos dota de la capacidad de trazar planes y cursos de acción para alcanzarlos. Desgraciada o afortunadamente las cosas casi nunca salen como las habíamos planeado. De ahí que la capacidad de dejarse sorprender por un futuro que resulta ser mejor o la capcidad para recuperarse de un futuro que ha resultado peor sean fundamentales para la tranquilidad personal. Mucho más que la inteligencia ejecutiva, tal y como yo lo veo.

Diré aún más. El sobre-uso de la razón y la definición misma del ser humano como animal racional, tan reduccionista, hacen que la segunda flecha sea bien certera… y bien gorda.

No se trata de no pensar, sino de trascender el pensamiento. Como vemos el mismo Buddha defiende un conocimiento recto frente a la ignorancia. Uno de los grandes problemas de Occidente es, precisamente, haber confundido la pericia y los conocimientos técnico-científicos con la sabiduría práctica por medio de la cual debemos gobernar nuestras vidas. O quizás hemos suplantado esta con aquellos. De alguna manera somos nuestro peor enemigo. Pero hay esperanza.

Dado que la intención original de este post era aclarar el significado de la expresión la segunda flecha no discutiré el asunto en mayor profundidad. Siempre puedo rescatar el tema más adelante. Particularmente si los lectores estáis interesados en que desarrolle o profundice en algo de lo que aquí he planteado.

Notas

Para la elaboración de este post me he servido de Sallatha Sutta (SN 36.6) en las siguientes versiones:

  1. Texto del Sallatha Sutta o El dardo en la traducción inglesa del pali por Nyanaponika Thera.
  2. Texto del Sallatha Sutta o La flecha en la traducción inglesa del pali por Thanissaro Bhikku.

Si alguien encuentra una buena traducción castellana puede hacérmelo saber por medio de los comentarios y la referenciaré aquí. Gracias de antemano por la colaboración.


  1. Hay, al menos, otra segunda flecha de cierto renombre. Dice la leyenda medieval que el ballestero Guillermo Tell pasaba por la plaza del pueblo de Altdorf, donde se exhibía un sombrero como símbolo del poder de los Habsburgo y ante el que había que inclinarse en señal de respeto. Tell rehusó inclinarse ante dicho símbolo, por lo que el gobernador le impuso la pruba de disparar una flecha a una manzana situada a 80 pasos sobre la cabeza de hijo del propio Tell. En caso de acertar su ofensa quedaría ovidada. Pero si fallaba lo condenarían a muerte.   El relato nos dice que Guillermo llevó dos flechas a la prueba. Con la primera acertó dejando ileso a su hijo y se libró de la pena de muerte. El gobernador que lo había castigado le preguntó para qué había llevado la segunda flecha, a lo que el ballestero respondió que la segunda flecha estaba destinada al corazón del gobernador en caso de que hubiera errado el tiro con la primera flecha.   En un desarrollo posterior de los acontecimientos Guillermo Tell acabaría asesinando al gobernador con aquella segunda flecha e iniciando con dicho magnicidio la sublevación que llevaría a la independencia de Suiza, siempre según la leyenda.  ↩